Asesinato de Andrés Escobar: el futbolista colombiano fusilado tras un autogol en el Mundial de 1994

El defensor de la selección colombiana fue asesinado en Medellín diez días después de marcar un gol en propia puerta contra Estados Unidos, un crimen vinculado al violento entorno del narcotráfico que dominaba la ciudad.

Asesinato de Andrés Escobar: el futbolista colombiano fusilado tras un autogol en el Mundial de 1994

Asesinato de Andrés Escobar: el futbolista colombiano fusilado tras un autogol en el Mundial de 1994

Diez días después de cometer un error que costó la eliminación de Colombia en el Mundial de fútbol de 1994, el defensor Andrés Escobar fue asesinado a tiros en Medellín. Los pistoleros mencionaron el autogol antes de ejecutarlo, convirtiendo el crimen en un símbolo de la violencia que asolaba el país.

El asesinato ocurrió en un contexto de extrema inseguridad. Medellín registraba más de seis mil homicidios anuales y era considerada la urbe más peligrosa del planeta. El cartel de drogas dirigido por Pablo Escobar —quien no tenía parentesco con el futbolista— había declarado la guerra total al Estado en 1989. Durante los cuatro años siguientes, sus sicarios asesinaron a 657 agentes policiales. El capo fue abatido por una unidad especial en 1993, seis meses antes del torneo estadounidense, dejando a la ciudad sumida en el caos.

El narcotráfico había penetrado profundamente en el fútbol colombiano. Los carteles financiaban clubes, construían estadios y utilizaban las apuestas, los traspasos y el lavado de dinero para diversificar sus operaciones. El Atlético Nacional de Medellín, capitaneado por Andrés Escobar, conquistó inesperadamente la Copa Libertadores gracias a esos recursos ilícitos. Los jugadores de la selección mantenían contactos con el mundo criminal: en una ocasión, varios futbolistas fueron transportados en secreto a una cancha privada en la finca de Pablo Escobar para disputar un partido amistoso.

El portero René Higuita pagó un precio por esa cercanía. Se autodefinía amigo del narcotraficante e intentó mediar en un secuestro, una práctica prohibida por la legislación colombiana de entonces. Pasó varios meses encarcelado en Bogotá y quedó descartado para la convocatoria mundialista.

Pese a todo, la selección llegó a Estados Unidos con altas expectativas. Había aplastado a Argentina 5-0 en Buenos Aires y Pelé la señalaba como candidata al título. Sin embargo, una derrota sorpresiva ante Rumania en el debut desató la furia de la mafia del juego. Los jugadores recibieron amenazas en sus habitaciones de hotel. Tras el autogol de Escobar en la derrota 2-1 contra el equipo anfitrión, Colombia quedó eliminada. Diez días después, el defensor fue interceptado en el estacionamiento de un bar en Medellín y recibió múltiples disparos.

Según informa NZZ, el asesinato sigue siendo recordado como un episodio que ilustra cómo el crimen organizado se entrelazó con el deporte en una época en que el país sudamericano era sinónimo de cocaína y violencia.

Source: NZZ