Corte de gas manufacturado deja sin servicio a cinco municipios de La Habana
La planta de Melones suspende operaciones desde las 21:00 hasta las 5:00, afectando a La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre y Plaza de la Revolución.

Parada en Melones agrava la crisis doméstica en la capital cubana
La Empresa de Gas Manufacturado anunció una parada total de la planta de producción número uno, ubicada en Melones, que interrumpirá el servicio de "gas de la calle" entre las 21:00 horas de este jueves y las 5:00 de la madrugada del viernes. Según informa 14ymedio.com, la medida responde a lo que las autoridades denominan "labores de mantenimiento inaplazables" y afecta a los municipios de La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre y Plaza de la Revolución, los más poblados de la capital.
La planta de Melones recibe gas natural de los pozos de Jaruco, operados por Energás y la empresa canadiense Sherritt, a través de una tubería soterrada de aproximadamente 25 kilómetros. La instalación filtra el gas, reduce su presión y lo mezcla con aire para producir aire metanado, con una capacidad nominal de alrededor de 40.000 metros cúbicos por hora.
Una interrupción más sobre una rutina ya castigada
El corte, aunque previsto como breve, se suma a una rutina doméstica deteriorada por los apagones y la escasez de gas licuado. Para numerosas familias habaneras, la interrupción de la red no significa únicamente perder el servicio unas horas, sino recurrir al carbón o la leña para cocinar. Cada avería añade una carga adicional a los hogares que ya organizan su jornada en torno al calendario de la balita, el parte eléctrico y la próxima falla.
El impacto va más allá de las cocinas. Al calor de los apagones, ha crecido en La Habana un mercado de plantas eléctricas adaptadas para funcionar con gas de la calle. Algunas son modificadas de forma artesanal; otras se comercializan como equipos capaces de operar con gasolina, gas licuado o gas natural. La tubería doméstica, diseñada originalmente para encender una hornilla, se ha convertido para muchos en el último recurso para mover un ventilador, cargar un teléfono o mantener encendido un refrigerador durante la noche.
El programa de gasificación avanza a paso mínimo
El corte llega apenas dos meses después de que la prensa oficial anunciara la reactivación del programa de gasificación en La Habana. La promesa era incorporar 25.000 nuevos clientes durante 2026, tras casi una década sin conectar familias de manera sistemática. Hasta finales de marzo, sin embargo, solo se habían sumado 735 hogares, una cifra modesta frente a la magnitud del déficit.
La ampliación no responde a una novedad tecnológica, sino al regreso a una infraestructura que el propio Gobierno mantuvo congelada durante años. El programa, impulsado desde los años 90, fue presentado en su momento como una transformación profunda de la matriz energética doméstica de la capital. Quedó frenado por la llamada Revolución Energética —que apostó por la electricidad—, una política de Fidel Castro que hoy se ha vuelto insostenible.
En medio de la crisis energética, el gas manufacturado ha reaparecido como "política de Estado" y como herramienta para reducir el consumo eléctrico en las horas pico. Pero la parada de Melones muestra el reverso de ese discurso: la red que debe aliviar la crisis, abandonada durante años, también requiere reparaciones urgentes, válvulas, piezas y mantenimiento que no llegan a tiempo.
La balita estatal, sin funcionar con normalidad
La alternativa del gas licuado, la popular balita, tampoco opera con regularidad. En muchas provincias los ciclos de entrega se han alargado y los puntos de venta permanecen desabastecidos. La escasez del cilindro estatal ha convertido cada aviso de distribución en una carrera contra el tiempo.
A esto se suma la venta en dólares de la balita a través de plataformas digitales como Supermarket23 y Kmcero. La primera ofrece cilindros de 22 libras a 29 dólares, pagados desde el exterior; la segunda comercializa balitas de 10 kilogramos por 24 dólares. En ambos casos el cliente debe entregar un cilindro vacío, el mismo envase que circula en la red estatal.
El precio evidencia la distancia entre el discurso oficial y la vida cotidiana. Una balita a más de 20 dólares queda fuera del alcance de quienes cobran salarios en pesos cubanos, más aún cuando el transporte o los requisitos de entrega pueden encarecer el pedido. Para muchas familias, la dolarización del gas no representa una solución, sino la confirmación de que los servicios básicos comienzan a dividirse entre quienes disponen de divisas y quienes solo cuentan con un salario en CUP y una libreta de racionamiento.
Source: Google News CU — La Habana