ADN y confesión acorralan a 'el Tuvi' por el asesinato de Isabel Raducanu en Xàtiva
David Soler, condenado a prisión permanente revisable por otro crimen, acumula pruebas en su contra por el asesinato de Isabel Raducanu, embarazada de seis meses.

Siete años sin juicio por el crimen de la embarazada de Xàtiva
Según Ideal, casi siete años después del asesinato de Isabel Raducanu, la mujer embarazada de seis meses acuchillada en su domicilio de Xàtiva el 11 de junio de 2019, su familia sigue esperando una fecha para el juicio. «Han pasado casi siete años y aún no se ha fijado una fecha para el juicio, esta demora interminable solo prolonga nuestro sufrimiento», declara Gavril, hermano de la víctima.
El principal acusado es David Soler Oltra, conocido como 'el Tuvi', quien ya cumple condena de prisión permanente revisable por el asesinato de Wafaa Sebbah, una joven de 19 años a quien, según declaró probado un jurado popular, torturó, acuchilló y arrojó a un pozo de 16 metros en Carcaixent cinco meses después del crimen de Isabel. El tribunal calificó aquellos hechos como expresión «de su superioridad y dominación sobre la mujer».
Ahora un nuevo tribunal popular deberá juzgar a Soler por el asesinato con alevosía y ensañamiento de Isabel Raducanu y de la bebé que llevaba en el vientre, a quien la familia pensaba llamar Briana Laura. La acusación particular, ejercida por los letrados Florentina Marin y Sergio Noguero, sostiene que el acusado inmovilizó a Isabel sujetándola por las muñecas, le golpeó la cabeza contra el suelo y le asestó 37 cuchilladas con el ánimo de aumentar deliberadamente su sufrimiento.
«El asesino de mi hermana nos arrebató dos vidas, la de Isabel y de la bebé que llevaba en su vientre. Con todas las pruebas que hay, no entendemos el retraso», señala Gavril, quien advierte de que la dilación beneficia al acusado: «Cuanto más se demore la justicia, mejor para el culpable; gana tiempo y algunos testigos pueden volverse cada vez menos fiables».
Una investigación que apuntó primero en otra dirección
Las pesquisas iniciales de la Policía Nacional situaron como principal sospechoso a Juan Vicente A. N., pareja de Isabel. Varios factores contribuyeron a ello: los presuntos malos tratos que habría ejercido sobre ella —pendientes de juicio en pieza separada—, el posicionamiento de su teléfono móvil en la antena que da cobertura al domicilio de la calle Francisco Gozalbes en el momento estimado de la muerte, y las contradicciones en su primera declaración, en la que aseguró estar trabajando en una empresa de zumos de la Pobla Llarga. Juan Vicente fue detenido en marzo de 2020 y permaneció encarcelado once meses antes de quedar en libertad.
Una decena de indicios apuntan al Tuvi
El primero y más directo es que Soler reconoció en su declaración como testigo, en febrero de 2021, ser cliente habitual de Isabel. Cuatro llamadas realizadas por él a la víctima acreditan contacto hasta tres días antes del crimen.
El indicio que la acusación considera más objetivo es el hallazgo de ADN del acusado en unos calzoncillos negros de la marca Puma encontrados junto al cadáver, con una mezcla de perfiles genéticos de Soler y la víctima. El propio acusado reconoció que la prenda podía ser suya y lo justificó alegando que la última vez que estuvo con Isabel, ella «le metió prisa para que se fuera rápido de casa», añadiendo que Raducanu le advirtió de que su pareja «le cortaría el cuello» si los descubría. La acusación considera llamativo que empleara esa expresión concreta para tratar de incriminar a Juan Vicente, quien, según consta, conocía y consentía que su novia ejerciera la prostitución.
El cuarto indicio es una confesión directa. Según tres testigos de referencia, el propio Soler reconoció ante un amigo, aproximadamente dos semanas después de conocerse el crimen: «La he cagado, me he cargado a una prostituta».
El teléfono iPhone de color rosa de Isabel nunca fue localizado y genera dos líneas adicionales de indicio. La Policía encontró entre las búsquedas de internet de Soler un enlace en el que introdujo el número IMEI que coincide con el registrado en la caja del móvil desaparecido del domicilio de la víctima. Además, un testigo protegido afirma que David Soler se deshizo del dispositivo arrojándolo por la ventanilla del coche, pasando varias veces por encima para destruirlo y tirando después los restos en unos contenedores.
Una semana después de declarar como testigo por el asesinato de Isabel, el teléfono del Tuvi registró una búsqueda que la acusación considera el séptimo indicio: «Qué ocurre cuando hayan ADN tuyo en un escenario del crimen».
La familia reclama celeridad
Para Gavril, la acumulación de pruebas hace incomprensible la tardanza. «Con tantas pruebas que lo incriminan, no entendemos este retraso y cómo aún no ha habido una acusación formal», insiste. La familia de Isabel lleva casi siete años cargando con la incertidumbre de un proceso que, hasta la fecha, no tiene fecha de celebración.
Source: Ideal