El crimen de Malladas: cinco jornaleros condenados por quíntuple asesinato en 1915

En julio de 1915, cinco personas fueron asesinadas a hachazos en una finca de Moraleja (Cáceres). Cinco jornaleros inocentes fueron condenados a cadena perpetua pese a sólidas coartadas.

El crimen de Malladas: cinco jornaleros condenados por quíntuple asesinato en 1915

La aldea que quedó marcada por sangre y una condena imposible de explicar

Según elperiodicoextremadura.com, han pasado 111 años desde aquella madrugada del 15 de julio de 1915, pero Malladas —una pequeña aldea del término municipal de Moraleja, en la provincia de Cáceres— sigue cargando con el peso de una de las historias más oscuras de la Extremadura de comienzos del siglo XX. Aquella noche, cinco personas fueron asesinadas a hachazos en la finca del mismo nombre mientras el pueblo celebraba las fiestas patronales de San Buenaventura.

Lo que siguió al crimen fue casi tan perturbador como la matanza misma: cinco jornaleros humildes fueron condenados a cadena perpetua pese a que numerosos testimonios los situaban trabajando a cientos de kilómetros, en la provincia de Salamanca. El principal sospechoso señalado por una de las víctimas moribundas quedó libre y acabó emigrando a América. El caso llegó a las páginas de los grandes periódicos nacionales, al Ateneo de Madrid, a Miguel de Unamuno e incluso al rey Alfonso XIII. Hoy, más de un siglo después, nadie puede afirmar con certeza quién estuvo detrás de aquella noche de sangre.

Una noche de fiesta, una finca casi vacía

La mayor parte de los trabajadores de la finca Malladas, propiedad del conde de Malladas, Agustín Díaz-Agero —senador por Cáceres y figura de enorme influencia política durante la Restauración—, había marchado a Moraleja para disfrutar de los festejos. Había baile, novillada y celebración. En la finca quedaron unas pocas personas encargadas de atender las instalaciones y los animales.

Entre ellas, Petra Fernández, de 55 años; su hija Jacinta González, de 12; y Baltasara Lanchas, también de 12 años. Permanecían igualmente la madre de esta última, Luciana Lorenzo, de 34 años y embarazada; el criado Manuel Martínez, conocido como 'el Portugués', de 40 años; y el pequeño Dimas Lanchas, de apenas cuatro años.

La noticia llegó al pueblo de la peor manera posible: un mozo apareció alarmado para avisar de que en Malladas había ocurrido algo terrible. Los primeros en llegar a la finca encontraron tres cadáveres y otras tres personas gravemente heridas. Las víctimas habían recibido golpes brutales en la cabeza con un hacha. Petra, Jacinta y Baltasara habían muerto en el acto. Luciana, embarazada, había recibido más de una veintena de hachazos y moriría días después. Manuel Martínez también falleció a consecuencia de las heridas poco tiempo más tarde. Solo el pequeño Dimas sobrevivió a la carnicería, pese a las graves lesiones que presentaba en el rostro.

Un caso convertido en true crime antes de que existiera el género

La violencia del ataque conmocionó a la opinión pública. En una España acostumbrada a la crónica negra, el crimen de Malladas destacaba incluso entre los sucesos más atroces del momento. Los periódicos comenzaron a seguir cada detalle de la investigación, y el caso se convirtió en una especie de true crime de principios del siglo XX, con todos los ingredientes que alimentan una historia que se niega a morir: cadáveres, sospechosos, declaraciones contradictorias, rumores, poder, acusaciones de corrupción y un proceso judicial que dejaría más preguntas que respuestas.

La investigación terminó centrándose en cinco jornaleros: Lucindo Cantero, Jorge Bodón, Gregorio Martín Gómez, Celedonio García y Anselmo Moreno. Eran hombres humildes y, según numerosos testimonios, aquella noche estaban segando en la localidad salmantina de Morasverdes. La distancia entre ese lugar y Malladas hacía prácticamente imposible sostener que hubieran podido desplazarse hasta Moraleja, cometer los asesinatos y regresar a tiempo para continuar con su faena. Pese a ello, fueron detenidos.

Diez minutos de deliberación para condenar a cadena perpetua

El proceso judicial se prolongó durante años y llegó a acumular unos 3.000 folios. Durante la instrucción surgieron testimonios que apuntaban en distintas direcciones: algunos declarantes aseguraban que los acusados estaban lejos de Moraleja; otros los situaban cerca de la finca. Según la investigación realizada más de un siglo después por el escritor Luis Roso, natural de Moraleja y autor de 'El crimen de Malladas. Por vuestra boca muerta', también hubo testigos que modificaron sus versiones y líneas de investigación que dejaron de seguirse.

El detalle más llamativo llegó durante el juicio: el fiscal ni siquiera presentó acusación contra los cinco jornaleros y solicitó el sobreseimiento por falta de pruebas. A pesar de ello, el jurado los declaró culpables. Lo hizo, según recoge Roso en su investigación, tras apenas diez minutos de deliberación, después de cinco días de juicio y más de un centenar de testigos. La condena fue de cadena perpetua.

Para quienes defendieron posteriormente a los presos, aquello demostraba que se habían buscado culpables sobre los que hacer recaer el crimen, aunque las pruebas no fueran suficientes para sostenerlo. La propia pena alimentó las sospechas: si existieran indicios sólidos contra aquellos hombres por un quíntuple asesinato de semejante brutalidad, argumenta Roso, lo lógico habría sido que la acusación solicitara la pena de muerte. En lugar de ello se pidió cadena perpetua, una forma de asegurar una condena y, al mismo tiempo, evitar el riesgo de ejecutar directamente a cinco inocentes.

El sospechoso que señaló una víctima antes de morir

Mientras la investigación avanzaba hacia los cinco jornaleros, había otro nombre que había aparecido mucho antes y que acabó quedando relegado: Juan Callejo Domínguez, vecino de Moraleja. Uno de los supervivientes, Manuel Martínez 'el Portugués', permaneció con vida durante varios días tras el ataque y, en su lecho de muerte, habría identificado a Callejo junto a varios compañeros como los responsables de la matanza. Callejo, sin embargo, fue liberado y terminó marchándose a América.

La historia del crimen de Malladas recorrió las más altas instancias de la España de la época. Llegó al Ateneo de Madrid, donde se debatió públicamente; al escritor Miguel de Unamuno, que se interesó por el caso; e incluso al rey Alfonso XIII, ante quien se elevaron peticiones en favor de los condenados. La aldea que da nombre al crimen quedó para siempre asociada a aquella noche de sangre y a la pregunta que nadie ha podido responder con certeza en más de cien años: quién empuñó realmente el hacha.

Source: Google News ES — Crime (es)