El crimen de Yulisa en A Pobra: torturada 36 veces por una deuda de 45 euros
En junio de 2017, Yulisa Altagracia fue hallada muerta en una finca de A Pobra do Caramiñal. La Guardia Civil identificó y detuvo a sus asesinos en apenas ocho horas.

Una investigación de ocho horas para cerrar un crimen de 45 euros
La noche del 7 de junio de 2017, el propietario de una pequeña finca en A Pobra do Caramiñal, municipio coruñés, llamó a las autoridades tras encontrar un cuerpo entre los arbustos de su parcela. Eran alrededor de las diez de la noche. Según recuerda a ABC una de las agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil de A Coruña que se desplazó al lugar, las siguientes ocho horas transcurrieron "a una velocidad vertiginosa".
Sobre el terreno, el cadáver de una mujer de aspecto latino, tendida de lado, sin documentación, sin teléfono móvil y sin ninguna denuncia por desaparición que encajara con su descripción en toda la comarca. La autopsia posterior determinaría que había recibido 36 golpes en la cabeza —clavados con un destornillador— y que había muerto desangrada tras una larga agonía. El móvil del crimen: una deuda de 45 euros.
Sin nombre y sin pistas, dos líneas de investigación inmediatas
Los agentes establecieron desde el primer análisis ocular que la muerte había sido violenta y que el cuerpo había sido trasladado hasta esa finca: no había marcas de arrastre y apenas rastros de sangre en el entorno. Eso apuntaba a más de un autor.
Con la noche cerrada, la investigación arrancó por dos vías. La primera llevó a pensar en una trabajadora de alguna de las fábricas de conservas de la zona, que dan empleo a buena parte de la población local. Sin embargo, por ser tarde y día festivo, todas las instalaciones estaban cerradas y esa hipótesis quedó descartada de momento. La segunda vía los condujo a los clubes de alterne de la comarca. La juventud de la víctima y el hecho de que llevara prótesis mamarias inclinó la balanza hacia esa dirección casi sin margen para deliberar.
La identificación: el primer punto de inflexión
Poco después de la medianoche, los efectivos llegaron al club Nanys, en Ribeira. Una trabajadora del local les indicó que una compañera había faltado ese día a su turno y les mostró una fotografía. Eran las dos de la madrugada. La imagen coincidía con el cadáver de la finca. La víctima tenía nombre: Yulisa Altagracia, 39 años, de nacionalidad dominicana, que había dejado su país buscando una vida mejor en Galicia.
"La identificación de la víctima fue muy rápida, y eso es muy importante en un caso de este tipo", explicó la agente a ABC.
Una hamburguesa y un testigo clave
El siguiente paso llevó a los investigadores a una hamburguesería de Ribeira que estaba a punto de cerrar. Allí, un amigo de Yulisa aportó información decisiva: esa misma mañana, en el bar Maruxía, había visto cómo una mujer entró al local, se dirigió a Yulisa y la sacó de allí de forma brusca. Yulisa regresó al bar unos segundos después y le pidió a su amigo que fotografiara la matrícula del vehículo en el que se marchaba, "por si le pasaba algo".
El presentimiento de Yulisa no le salvó la vida. Pero la matrícula que pidió capturar sí allanó el camino hacia sus asesinos.
La pareja de camellos, viejos conocidos
A las cuatro de la madrugada, con esa matrícula y el testimonio del testigo sobre la mesa, los agentes de la Guardia Civil tenían ya un perfil claro de los sospechosos. Se trataba de una pareja de traficantes de A Pobra do Caramiñal conocida por la comandancia: Ventura Lustres, apodado "O Farelo", de 32 años, y Melisa Abelleira, de 29.
Los investigadores se presentaron en su domicilio antes del amanecer. A las 6:15 horas del 8 de junio, ambos quedaban detenidos.
Sin colaboración ni arrepentimiento
Durante el interrogatorio, ni Lustres ni Abelleira mostraron colaboración. Sus declaraciones eran contradictorias entre sí y ambos negaron haber visto a Yulisa ese día, pese a que los investigadores ya disponían del testimonio que desmentía esa versión. El caso se cerró con un elemento adicional: cuando una prima de Yulisa acudió al cuartel para conocer el destino de su familiar, se cruzó en el pasillo con la pareja detenida y los reconoció de inmediato como los proveedores de droga de la víctima.
Según el relato de la investigación, la deuda que desencadenó el crimen era de 45 euros. Por esa cantidad, Yulisa fue torturada con un destornillador clavado 36 veces en la cabeza hasta morir desangrada.
La comandancia que resolvió también los crímenes de Asunta y Diana Quer
La misma unidad de la Policía Judicial de A Coruña que resolvió el caso de Yulisa Altagracia en ocho horas es la que, según ABC, también investigó otros crímenes de alto perfil en Galicia, entre ellos los de Asunta Basterra, Diana Quer y Elisa Abruñedo.
"De esa noche recuerdo, sobre todo, lo rápido que se sucedían las cosas. Cada nuevo paso que se nos ocurría dar, nos hacía avanzar", subrayó la agente que participó en la investigación, al recordar aquellas horas nueve años después del crimen.
Source: ABC