Miedo y agresiones sexuales en Ceuta: mujeres migrantes buscan refugio en el barrio del Príncipe

Más de 300 mujeres y menores migrantes se protegen en un polideportivo del Príncipe tras la entrada masiva del 30 de julio. Vecinos patrullan de noche para frenar agresiones sexuales.

Miedo y agresiones sexuales en Ceuta: mujeres migrantes buscan refugio en el barrio del Príncipe

Campamento improvisado en Ceuta: vecinos protegen a mujeres migrantes de agresiones sexuales

Bajo lonas de plástico azul, cientos de mujeres y niñas migrantes buscan refugio del calor en el campo de fútbol sala El Cudia, en el barrio del Príncipe de Ceuta. Según informa El Mundo, el recinto —delimitado por cuatro vallas— se ha convertido en un espacio de protección informal tras la entrada masiva de migrantes que tuvo lugar el pasado 30 de julio.

Fuera del perímetro, el miedo es la constante. «Tengo miedo de que me violen», dice Nada, de 17 años, una de las jóvenes que pernocta en el campamento. Su frase resume el estado de alarma que se ha instalado entre las mujeres que permanecen en la ciudad desde aquella entrada, cuando miles de personas accedieron a Ceuta y una parte sigue aún en sus calles o en asentamientos improvisados.

Agresión sexual y juicio rápido sin condena

El testimonio de Khaoula, también de 17 años, va más allá del miedo. Ella cruzó a nado la noche del 29 de julio, sola, y asegura haber sufrido una agresión sexual por parte de un hombre español. Aporta documentación policial que lo acredita.

Tras varios días viviendo en la calle y en el monte, un hombre que le ofrecía comida le propuso alojarse en su casa. «Al principio me negué», explica Khaoula, «pero estaba sola y tenía miedo; le ofrecí pagar lo poco que tenía para alquilarle la habitación». Una vez dentro, el hombre comenzó a mostrarle una colección de armas blancas —cuchillos, navajas, porras— y le impidió marcharse. «Me empezó a pedir besos y a tocarme los genitales. Grité y pedí ayuda», relata. Dos jóvenes escucharon sus gritos y acudieron en su auxilio. Ella acudió a la policía y se celebró un juicio rápido, pero la dificultad de obtener pruebas dejó al agresor en libertad. «Solo de pensar que está en la calle mi cabeza imagina que viene a por mí», confiesa.

Más de 300 mujeres en el polideportivo, la mayoría menores

No existen cifras oficiales, pero los voluntarios que gestionan el espacio calculan que más de 300 mujeres se encuentran instaladas en el polideportivo, la gran mayoría menores de edad. El recinto no nació como centro de acogida oficial: fueron las circunstancias las que lo convirtieron en una necesidad. Las mujeres pueden salir a partir de las diez de la mañana y deben regresar antes de las 20.30 horas, aunque muchas apenas quieren abandonar el perímetro.

Allí reciben comida, acceso a instalaciones de aseo y, sobre todo, protección. Dentro del campamento se sienten seguras; algunas se han quitado el velo, juegan con sus hijos o bailan entre ellas para pasar el tiempo.

Patrullas ciudadanas frente a hombres armados

Cuando cae la noche, hombres del Príncipe y barriadas cercanas se turnan para vigilar los accesos al polideportivo. Son vecinos, no guardias de seguridad, y permanecen durante horas alrededor del recinto expulsando a quienes intentan aproximarse.

«Por la noche vienen borrachos y drogados a buscarlas. Nosotros los echamos», afirma uno de los participantes en las guardias. Los voluntarios aseguran haber requisado en estas semanas cuchillos, cadenas e incluso un hacha a personas que se acercaron al campamento.

Uno de los testimonios más graves lo ofrece un joven del barrio que participa en esas labores. Relata que hace cuatro días se encontró con un grupo de hombres en torno a una mujer en una zona apartada. Según su versión, la mujer estaba siendo víctima de una violación. «A ella la sacamos de ahí y la llevamos al hospital», afirma.

El propio carácter del refugio genera una contradicción que los voluntarios reconocen: «Esto es una zona segura para ellas, pero también es cierto que los hombres saben que están todas aquí juntas», explica uno de ellos. Protege y, al mismo tiempo, señala su ubicación.

Mujeres migrantes, el colectivo más vulnerable

Entre todos los migrantes que permanecen en Ceuta, las mujeres y las niñas son el grupo más expuesto. Los primeros procedimientos judiciales conocidos desde la entrada masiva tuvieron como víctimas a mujeres migrantes. No se ha registrado hasta ahora ningún caso grave entre la población local de la ciudad, aunque el pánico es generalizado.

La inseguridad ha transformado también los hábitos de quienes siguen en la calle: se agrupan para dormir, buscando en el colectivo una protección que individualmente no tienen.

Una menor cumple 17 años estudiando español en el campamento

Cada historia ilustra las circunstancias extremas de estas jóvenes. Shaimae, también menor de edad, recorrió más de 500 kilómetros para llegar a Ceuta. Hace dos días cumplió 17 años en el campamento del Príncipe. Estaba sentada en una colchoneta estudiando español y enseñando a otras chicas que la rodean.

Los vecinos del barrio, convertidos en primera línea de protección improvisada, no solo vigilan el perímetro. También proporcionan comida, asistencia básica y limpieza a las mujeres que han encontrado en ese pequeño polideportivo un refugio frente al miedo que se ha apoderado de las calles de Ceuta en el último mes.

Source: El Mundo