La exnovia del cura de Vélez-Málaga declara en juicio: «Tengo pesadillas cada noche»
La expareja del párroco acusado de agresión sexual narró ante el tribunal cómo halló en un disco duro vídeos de violaciones clasificados por nombres de víctimas.

El juicio al padre Fran: la testigo que encontró las carpetas
El párroco de Vélez-Málaga conocido como el padre Fran se sentó este lunes en el banquillo de los acusados por cargos de agresión sexual. Según ABC, su expareja testificó protegida por una mampara y con voz temblorosa, y describió con detalle cómo descubrió los vídeos, cómo estaban clasificados y cómo sus intentos de pedir ayuda no encontraron respuesta.
En la Navidad de 2022, el sacerdote viajó a Málaga a ver a su familia. La mujer se quedó en la casa parroquial de Melilla, donde ambos hacían vida en pareja. Buscó un disco duro para ver una película —el párroco le había puesto reparos al uso de Netflix— y encontró lo que describió como «un infierno».
«Identifiqué su mano porque conozco cada lunar de su cuerpo»
Al conectar el disco a la televisión, la primera imagen que apareció fue la de una mujer conocida para ella. «Estuvimos de viaje juntas. En esa foto está drogada, dormida, sentada en el coche con el cinturón puesto y le introducía los dedos en sus partes», declaró la testigo. Identificó la mano del acusado, dijo, porque conoce «cada lunar de su cuerpo».
«No me puedo olvidar de esa imagen», afirmó, antes de relatar que continuó revisando el disco y encontró más carpetas con nombres que también reconocía. En total, el material estaba organizado con los nombres de cuatro víctimas de agresión sexual, además de una carpeta asociada a otra exnovia que el párroco tuvo en Ardales, Málaga.
«Intenté echar para atrás y había vídeos. Me asusté y me fui a mi casa. Al día siguiente volví, porque quería verlo», explicó la denunciante. Al reconectar el dispositivo encontró más archivos. En las imágenes, según su testimonio, las mujeres estaban «privadas de sentido». Uno de los casos la afectó de manera particular: «Estaba completamente muerta. Esa imagen no me la puedo quitar de la cabeza; tengo pesadillas con estas cosas».
Esa misma noche, la testigo se llevó el disco duro para hacer una copia. Al conectarlo al ordenador pudo comprobar que «estaban todas las carpetas clasificadas por nombres de las chicas». Sitúa parte de los hechos grabados en la casa de Vélez-Málaga, cuando el acusado aún era diácono y cursaba el seminario, y otros en la casa parroquial de Ardales, ya ejerciendo como sacerdote. Según su relato, los abusos se producían «cuando quedaba con ellas de viaje o se iba de boda».
Cinco intentos de ser recibida por el Vicario
La testigo describió el desamparo que vivió después de hacer el descubrimiento. Intentó reunirse hasta en cinco ocasiones con el Vicario de Melilla antes de conseguir ser atendida, pero éste no formuló denuncia alguna ni quiso continuar con el asunto. Además, envió dos cartas al entonces obispo de Málaga —hoy emérito— sin obtener respuesta, pese a haberse personado en el despacho de su secretario.
«Quería solucionarlo por la Iglesia», declaró. A su juicio, la denuncia le acarreó consecuencias directas: se le negó el sacramento de la confirmación. Afirmó que el Obispado de Málaga «miró hacia otro lado». En el juicio se rechazó un acuerdo de conformidad con el Obispado sobre la responsabilidad civil, al existir una póliza de seguro destinada a cubrir este tipo de casos.
El párroco se autolesionaba y la amenazó con chantajearla
Cuando la mujer regresó a Melilla tras las navidades, el sacerdote la encaró. A partir de ese momento, relató, comenzó un calvario: el cura se autolesionaba durante los momentos de tensión o cuando discutían, y llegó a intentar «chantajearla». La testigo afirmó también que el sacerdote consumía drogas, aunque las únicas evidencias que obran en la causa son conversaciones de WhatsApp en las que aparece la palabra «mercancía».
Tras un intento de suicidio en la playa, la mujer decidió acudir a la Policía Nacional. En una primera ocasión fue acompañada por una amiga que intentó llevarse los archivos en una memoria USB sin capacidad suficiente. Días después regresó y se llevó el ordenador con la copia de seguridad del disco duro original. La Unidad de Familia y Mujer, UFAM, asumió la investigación. El caso se dirime ahora en sede judicial, con una petición de 73 años de prisión para el acusado.
Las otras dos exnovias que testificaron en la jornada —la pareja que tuvo en Melilla y otra en Ardales— también tienen denuncias presentadas en juzgados de Violencia de Género.
Source: ABC