Seis años sin Rosalía: la familia pide a la UCO que reabra la investigación
Una mujer de 74 años desapareció en Bohonal de Ibor el 25 de mayo de 2020 y no ha sido localizada. Sus hijos reclaman la intervención de la UCO para avanzar en un caso archivado.

Sin rastro desde mayo de 2020: la familia de Rosalía exige una nueva investigación
El 25 de mayo de 2020, en plena pandemia, Rosalía Cáceres salió a caminar por los alrededores de Bohonal de Ibor, una localidad cacereña de unos 500 habitantes. Tenía 74 años, conocía bien la zona y era habitual que hiciera rutas en solitario. Nunca regresó. Seis años después, el caso sigue sin resolverse y el sumario judicial permanece sobreseído provisionalmente, según informa El Mundo.
Salvador Serrano, portavoz de la familia, traza una comparación directa: «Hay una similitud clara entre los casos de Manuela Chavero, Francisca Cadenas y Rosalía Cáceres». Chavero y Cadenas, también desaparecidas en entornos rurales extremeños, fueron halladas asesinadas años después de que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil tomara el relevo de las investigaciones respectivas. El caso de Rosalía, en cambio, sigue en punto muerto.
La última llamada: «Me estoy refrescando los pies, ya vuelvo»
Aquella mañana, Rosalía salió sobre las 8.00 horas, como era su costumbre. Antes de marcharse había avisado a sus hijas de que pensaba hacer un recorrido más largo de lo habitual, convencida de que las restricciones por el Covid le habían hecho ganar algo de peso. Medía 1,55 metros y pesaba 50 kilos.
Durante el trayecto mantuvo varias conversaciones telefónicas. Las dos últimas fueron con su prima y con su hijo Enrique. Era ya casi mediodía y ambos le insistieron en que volviera a casa. Ella respondió desde el paraje de El Pibor, un enclave poco transitado en los alrededores del río Tajo, habitualmente frecuentado por cazadores: «Me estoy refrescando los pies, ya vuelvo». Eran las 13.55 horas. Fue la última señal de vida. A partir de ese momento, no contestó ninguna llamada. Esa misma tarde comenzaron las primeras batidas vecinales. No dieron resultado.
Rosalía era residente habitual en Madrid. El decreto del estado de alarma la había sorprendido de visita en Bohonal de Ibor, localidad natal del marido, fallecido en 2012, y de varias generaciones familiares. Sus cinco hijos decidieron que era mejor que pasara la pandemia en el pueblo antes que encerrada en su piso de la capital.
Batidas sin resultado y sumario archivado
La Guardia Civil no aprecia «indicios de criminalidad» en el caso. La hipótesis oficial apunta a un accidente tras un posible extravío en una zona abrupta de unos cuatro kilómetros, con rocas, caminos empinados y dólmenes históricos en la comarca del Campo Arañuelo. No se descarta por completo ninguna otra hipótesis, pero el sumario permanece sobreseído provisionalmente.
El pasado 8 de mayo se realizó una nueva batida con un amplio operativo: drones, un equipo cinológico especializado en búsqueda de personas, agentes del Seprona en motocicleta, la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Cáceres, el Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña y un Puesto de Mando Avanzado con conexiones satelitales. No se encontró rastro alguno, ni del cuerpo, ni de la ropa, ni del teléfono móvil. A lo largo de estos seis años, el lugar —incluido el pantano cercano— ha sido inspeccionado en numerosas ocasiones. El resultado ha sido siempre el mismo: nada.
«No entendemos que puedan existir casos de primera y de segunda»
La familia no acepta la hipótesis del extravío. «Conocía a la perfección el terreno y hasta las tres puertas de la zona vallada donde se encontraba», señala el yerno de Rosalía, quien también descarta una enfermedad repentina: «Era una mujer de mucha vitalidad, estaba sana». Para los allegados, la posibilidad de que un tercero estuviera implicado no puede excluirse. «Para nosotros existe claramente la posibilidad de que hayan participado terceras personas, alguien que se la pudiese cruzar cuando regresaba, quién sabe, pero hay que investigarlo», afirma el yerno.
El portavoz de la familia, Salvador Serrano, reconoce «impotencia y sensación de abandono», aunque aclara que la crítica no va dirigida contra los agentes que han trabajado el caso: «Pero no entendemos que puedan existir casos de primera y de segunda; desconocemos si por la alarma social entonces equipos especiales y en otros casos no». Durante la investigación se tomó declaración a cuatro o cinco personas, todas con coartada, pero la familia considera que esas coartadas «no han sido lo suficientemente comprobadas».
La familia pide la entrada de la UCO
La petición central de los hijos y del yerno es que la UCO asuma la investigación. «Queremos tener una oportunidad, saber lo que pasó, y por eso pedimos que haya un cambio en la investigación, que lleguen otros agentes, sean de la UCO o de lo que sea, para que puedan tener otra visión del caso», señala Serrano.
El paralelismo con los casos Chavero y Cadenas refuerza ese argumento: en ambos, la entrada de la UCO resultó determinante para esclarecer el paradero de las víctimas, que fueron halladas asesinadas. «Este caso tiene mucho que ver con las otras dos mujeres desaparecidas en Extremadura en estos últimos años», subraya el yerno. La familia concluye con una posición que describe como ajena a cualquier confrontación institucional: «No estamos contra nadie, pero queremos soluciones».
Source: El Mundo