Policías del sur de España bajo el "síndrome del Norte": tiroteos y narcotráfico sin control

Agentes destinados en la franja sur viven en anonimato permanente, tiroteados y vigilados por narcos. El ministerio niega el plus de peligrosidad que sí cobran los del Norte.

Policías del sur de España bajo el "síndrome del Norte": tiroteos y narcotráfico sin control

La guerra invisible del narcotráfico en el sur de España

Un agente de la Guardia Civil tuvo que cambiar a su hijo de clase de colegio para evitar cruzarse con el narcotraficante que acababa de detener en los cumpleaños de sus compañeros. Otro nunca repite la ruta al salir de casa. Una tercera cuenta que su mujer ha normalizado el riesgo: "Le digo que voy a intervenir un alijo y me pregunta si llego a comer."

Según El País, esta es la realidad cotidiana de los policías y guardias civiles destinados en el sur de España, atrapados en lo que ellos mismos llaman el "síndrome del Norte": la hipervigilancia constante que antes caracterizaba a los agentes que combatían a ETA en el País Vasco, y que ahora define la vida de quienes luchan contra el narcotráfico en el Campo de Gibraltar, Huelva, Málaga, Sevilla, Granada, Almería y Murcia.

Tiroteos, fotografías en grupos de WhatsApp y convivencia forzada con el enemigo

La madrugada del pasado martes, una patrullera del Servicio Marítimo de la Guardia Civil en Huelva fue tiroteada. El operativo terminó con diez detenidos y seis toneladas de hachís incautadas. No es un hecho excepcional: los agentes de la zona describen enfrentamientos con ametralladoras como parte de su rutina y narran cómo sus fotografías circulan por grupos de WhatsApp de los traficantes.

"Este es de la UDYCO", rezaba el mensaje que acompañaba la foto de un agente de la Unidad de Delincuencia y Crimen Organizado de la Policía Nacional caminando por la calle de paisano. Otros han encontrado imágenes de las matrículas de sus vehículos —tanto los oficiales como los particulares— y fotografías de las puertas de entrada a sus propios domicilios. En localidades como Algeciras, Isla Cristina, Ayamonte, Lepe o Matalascañas, la vigilancia entre agentes y narcotraficantes es constante y mutua. Se cruzan en la cola del supermercado, en la puerta del colegio, en bares que en ocasiones son propiedad de los propios narcos.

"Aquí no hay delincuencia, aquí hay una guerra entre el Estado y el narcotráfico y la batallamos nosotros con pocos medios y muy solos", resume uno de los casi diez guardias y policías entrevistados por el rotativo.

Las cifras del desbordamiento

Los datos ilustran la magnitud del problema. En 2025 se intervinieron en Huelva 65.301 kilos de hachís, frente a los 20.000 del año anterior. En el conjunto de Andalucía, las incautaciones crecieron un 38,5%, según los últimos datos publicados por el Ministerio del Interior. La cocaína aprehendida en Huelva ascendió a 3.307 kilos en 2025, un 24% más que en 2024, según la Fiscalía Antidroga, aunque en el total de Andalucía la cifra bajó más de un 50%.

La explicación que ofrecen los propios agentes es reveladora: "La presión se centró en los contenedores de los puertos, que eran su principal vía de entrada, pero ahora la están metiendo en narcolanchas desde la costa africana y Portugal." Solo en marzo y abril de este año se incautaron 11 toneladas de cocaína en la provincia de Huelva, según datos de la Asociación Unificada de Guardia Civiles (AUGC). La tesis que manejan los responsables operativos, velada por las estadísticas oficiales, es que entra mucha más droga de la que se intercepta. Cubrir los 1.100 kilómetros de costa entre Huelva y Murcia, con varios ríos navegables —el Guadalquivir, el Guadiamar, el Guadiana, el Odiel—, resulta imposible con los efectivos actuales.

"La situación está totalmente descontrolada: ellos cada vez son más y nosotros cada vez menos", advierte un veterano mando del EDOA, el Equipo de Delincuencia Organizada Antidroga de la Guardia Civil en Huelva. "Ya nadie quiere venir aquí, la mayoría de los que llegan lo hacen obligados y, en cuanto pueden, se van."

El plus de peligrosidad que el Sur no cobra

Pese al nivel de riesgo descrito, los agentes destinados en estas zonas no perciben el plus de peligrosidad —unos 700 euros mensuales— que sí mantienen sus compañeros del Norte. Desde el Ministerio del Interior, que dirige Fernando Grande-Marlaska, lo justifican por razones "políticas e históricas".

Sindicatos y asociaciones policiales presionan para que las regiones del sur sean reconocidas como Zonas de Especial Singularidad (ZES), una categoría que mejoraría las condiciones laborales y económicas de sus efectivos. El ministerio sostiene que la zona ya cuenta con "planes especiales desde el principio de la legislatura" que se refuerzan "en cuanto a medios y agentes conforme a las necesidades."

La AUGC de Huelva, una de las asociaciones más activas del país en la denuncia de estas condiciones, alertó en un comunicado del pasado 23 de junio: "El narcotráfico se ha convertido en uno de los principales problemas de seguridad de nuestra provincia."

Anonimato como escudo

En los destinos más expuestos —Algeciras, Isla Cristina, Punta Umbría, Cartaya—, el anonimato no es una opción sino una estrategia de supervivencia. "Nadie sabe a qué me dedico", "no nos relacionamos con casi nadie", "solo creamos vínculos con los nuestros", repiten los agentes consultados. Algunos reconocen que sus propios hijos saben que hay asuntos de los que no se habla fuera de casa.

La droga entra ya "por todos sitios", admiten, mientras la actividad turística —las sombrillas, los chiringuitos, las ferias, las romerías de El Rocío— proyecta una imagen de normalidad que encubre la magnitud del conflicto. "Es cuestión de tiempo que nos maten", concluye uno de los agentes, en una frase que resume el estado de ánimo de quienes combaten en primera línea una guerra que, para la mayoría de los ciudadanos, permanece invisible.

Source: El País