Crimen organizado en Montevideo: barrios con más homicidios que Nueva Orleans
En Peñarol se registraron casi 61 homicidios cada 100.000 habitantes en 2022. Expertos advierten que el fenómeno responde a disputas territoriales entre bandas criminales.

Peñarol, Casabó, Casavalle: el mapa de la violencia organizada en Montevideo
Según elobservador.com.uy, en el barrio Peñarol se registraron durante 2022 casi 61 homicidios cada 100.000 habitantes. Para dimensionar la cifra: si esa tasa se aplicara a Pocitos, el barrio más poblado de Montevideo, habría una muerte cada nueve días. Pocitos no registró un solo homicidio ese año.
El año anterior, el barrio con mayor concentración de asesinatos era Casabó. Y antes, Casavalle. La rotación no es casual: criminólogos y sociólogos coinciden en que el patrón responde a disputas entre bandas rivales por el control de mercados barriales de droga, no a una mejora o deterioro de la política de seguridad.
Un patrón que no cambia, solo se desplaza
Spencer Chainey, director de la unidad de América Latina del Departamento de Criminología de la University College de Londres, analizó la situación para El Observador. "El patrón de asesinatos en Montevideo no cambia tanto, sino que se asocia a áreas donde las personas tienen conflictos entre sí o entre grupos criminales rivales", sostuvo Chainey.
El criminólogo también evaluó el impacto del plan policial PADO, implementado años atrás. Reconoció que "fue realmente eficaz, al menos entre 2016 y 2017, para reducir las oportunidades de los delincuentes de rapiñar", gracias a la presencia de patrullas en lugares y horarios específicos. Sin embargo, advirtió que ese programa "no transformó a estos delincuentes en personas amables y respetuosas de la ley" y que tampoco modificó la lógica de los homicidios, que "en Montevideo, como en otras zonas portuarias de la Cuenca del Plata, están vinculados al crimen organizado y la puja por el mercado".
Diecisiete muertos en nueve meses en Peñarol
Fuentes de la Fiscalía confirmaron al medio uruguayo que la serie de 17 asesinatos registrados en Peñarol en menos de nueve meses —más otros cuatro en el vecino barrio Lavalleja, unificados a efectos estadísticos— responde a una secuencia específica: la muerte del cabecilla de la banda hegemónica, la represalia de la banda rival y, sobre todo, el ascenso de un tercer grupo que impuso una violencia extrema comparable a la de cárteles mexicanos. Las modalidades incluyeron descuartizamientos, desmembramientos y desapariciones.
El sociólogo Gustavo Leal, ex director de Convivencia durante la última administración del Frente Amplio, señaló en La Diaria que "el equilibrio en la ecuación de fuerzas del barrio Peñarol se alteró a partir de la muerte" de Walter Segales. Leal describió un escenario en el que bandas que controlan entre cuatro y cinco bocas de venta de droga generan una tasa de homicidios superior a la de ciudades como Nueva Orleans, Cali o Salvador de Bahía. Su conclusión fue directa: "Atribuirse el éxito de una banda criminal que desplaza a otra como mérito propio de la política de seguridad es irrisorio".
El fenómeno es nuevo y nadie lo entiende del todo
Javier Donnangelo, director del Observatorio sobre Violencia y Criminalidad del Ministerio del Interior, trabajó bajo la gestión del Frente Amplio y continúa en la administración actual. Desde una perspectiva técnica, afirmó que "el fenómeno de las bandas criminales es nuevo y, como tal, nadie lo entiende en su cabalidad". Según Donnangelo, "los académicos todavía no tienen todos los elementos explicativos, y mucho menos los políticos que a veces expresan opiniones, genuinamente creídas, que son el resultado de un conocimiento deficiente".
El director del Observatorio también señaló que "en Uruguay la inseguridad se politizó a tal punto que ningún actor político está exento de la presión social por dar respuestas inmediatas", mientras la opinión pública evalúa los resultados a corto plazo.
Más allá de los relatos políticos, Donnangelo fue categórico: "Detrás del aumento de los homicidios está el enfrentamiento entre bandas que se disputan un territorio económico, y prueba de ello es que la mitad de los homicidios son de esa clase." Esa territorialidad, aclaró, no obedece a una lógica de marca simbólica sobre un espacio, sino a intereses de mercado. En el caso de Peñarol, el barrio era la base económica de un control que se extendía hacia el centro-norte de la ciudad.
Bandas pequeñas, violencia local y sicarios por 1.500 dólares
El funcionario describió las características de estas organizaciones criminales en clave uruguaya: "Una banda puede estar integrada por 15 o 20 personas, en su mayoría varones jóvenes que no conocen mucho más allá de los límites del barrio, y que mantienen lazos de vecindad." Es infrecuente, explicó Donnangelo, que una banda del extremo oeste de la ciudad se extienda hasta el extremo este. "A lo sumo hay desplazamientos cortos a zonas aledañas que, una vez que se dan, inician nuevos conflictos."
El asesinato de un rival funciona como demostración de poder. Por esa razón, estas bandas suelen actuar directamente, aunque en muchos casos contratan sicarios. El precio, según el director del Observatorio, puede llegar a los 1.500 dólares, dentro de una escala de pagos que varía de forma significativa.
Dos gobiernos, dos relatos, un mismo problema
Tanto las autoridades del gobierno anterior como las de la administración actual han tendido a explicar el desplazamiento de la violencia como resultado de su propia eficacia policial. La saturación de patrullas, en un caso; la desarticulación de bandas, en el otro. Los expertos consultados por El Observador cuestionan ambas lecturas y coinciden en que el mapa del crimen en Montevideo refleja, ante todo, una disputa económica entre organizaciones criminales de escala local cuya dinámica aún no ha sido completamente comprendida ni por académicos ni por decisores políticos.
Source: Google News UY — Montevideo