Violencia en Ecuador: ciudades del interior entre las más peligrosas del mundo en 2025

Babahoyo y Quevedo figuran entre las diez ciudades más violentas del mundo en 2025. El crimen organizado se desplaza desde los puertos hacia el interior del país.

Violencia en Ecuador: ciudades del interior entre las más peligrosas del mundo en 2025

Babahoyo y Quevedo, entre las diez ciudades más violentas del mundo

Luis —nombre ficticio— tuvo 20 minutos para decidir si huía de sus captores. A su lado, otras dos personas secuestradas permanecían inmóviles, atadas de manos y pies a la orilla de un río, tras haberles vaciado las cuentas bancarias y las tarjetas. Quince días antes ya le habían advertido: que no saliera de noche, que lo tenían "fichado". Ese día, el trabajo lo obligó a transitar la llamada ruta ecológica, siete kilómetros de carretera entre Babahoyo y Quevedo, en el centro-oeste de Ecuador. Hoy, ambas ciudades figuran entre las más peligrosas del mundo, según informa elpais.com.

De acuerdo con la clasificación anual del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, organización mexicana que elabora la lista de las 50 ciudades más peligrosas del mundo, en 2025 seis ciudades ecuatorianas aparecen entre las diez primeras. Babahoyo irrumpe por primera vez en el segundo lugar, con 166 homicidios por cada 100.000 habitantes. Machala ocupa el cuarto puesto; Quevedo, el quinto; el centro de la provincia de Manabí, el séptimo; y Guayaquil, el octavo. La violencia no ha disminuido: ha cambiado de mapa.

Hace una década, en las principales ciudades de Los Ríos, El Oro y Manabí, la tasa de homicidios no superaba los 15 por cada 100.000 habitantes. Hoy esa cifra se ha triplicado o cuadruplicado. El crecimiento ha sido abrupto.

El crimen como rutina familiar

Luis nació en Quevedo, en la provincia agrícola de Los Ríos, donde creció entre fincas de banano, plátano y café. "Queremos pensar que la vida sigue igual, pero ya no tenemos esa vida tranquila de antes", afirma meses después del secuestro. En su familia, el delito se convirtió en algo cotidiano. A su suegro, de 75 años, también lo raptaron. La familia pagó el rescate. En la entrega, los criminales enviaron a un niño de 12 años a recoger el dinero mientras hombres armados vigilaban desde matorrales y vehículos con fusiles. Lo liberaron dos días después en una carretera secundaria. Poco después de recuperarse de las precarias condiciones del cautiverio, los criminales regresaron a disparar a la casa. "Parece que hubo una mala repartición y volvieron a por más", resume Luis. Parte de la familia tuvo que separarse y desplazarse hasta que la situación se calmara.

En Los Ríos, circular por ciertas vías se ha convertido en una negociación. Muchos piden permiso a la mafia o pagan la "vacuna" —una tasa informal de "protección"— para transitar por carreteras públicas.

El tractor robado y la ironía del relato oficial

El 26 de febrero, el presidente Daniel Noboa visitó Quevedo para entregar ocho tractores a cooperativas agrícolas. En un discurso de cuatro minutos aseguró que su Gobierno ha combatido la delincuencia y que los indicadores mejoran. Cuando la comitiva presidencial abandonó la ciudad, uno de los tractores fue robado y tres agricultores fueron secuestrados en la vía Jauneche-Mocache, una carretera que los vecinos describen como territorio controlado por las bandas. El caso se viralizó en redes sociales. Un operativo posterior con 300 militares y helicópteros recuperó la maquinaria y rescató a los campesinos. La escena reflejó la distancia entre el relato oficial y la vida diaria en Ecuador.

El Índice Global de Crimen Organizado otorga a Ecuador una puntuación de 7,48 en criminalidad en 2025, casi dos puntos por encima de la media regional de 6,13. El país dejó de ser solo un corredor de tráfico y pasó a ser territorio en disputa.

Nuevas arterias del narcotráfico

El narcotráfico es uno de los principales motores de esta violencia que se ha extendido hacia las provincias del interior. Los puertos de Guayaquil y Esmeraldas, durante años principales puertas de salida para la droga, ya no son los únicos actores. En los últimos cinco años, la fragmentación de las bandas y la presión estatal en ciertos enclaves empujaron a los grupos hacia nuevas plazas, según analiza Renato Rivera, director del Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado.

Los Ríos y El Oro, con su interconexión a través de la Sierra y la Amazonía, se convirtieron en nuevas arterias del narcotráfico, territorios disputados por bandas que no solo trafican con drogas, sino que también se expanden a través de secuestros y extorsiones. La violencia se atomizó y llegó a regiones nuevas.

"La violencia en Los Ríos tiene relación con el importante flujo comercial y lo que representa para el comercio de bienes formales", explica Rivera. "En ciudades donde hay una concentración del comercio, también hay disputa criminal", sostiene. A su juicio, provincias como Los Ríos y El Oro se han convertido en nodos logísticos: bodegas, rutas, enclaves. Manabí y Esmeraldas, al norte, son aprovechadas por su gran cantidad de puertos pesqueros y artesanales, por donde se saca la droga con escaso control estatal.

Una sociedad que baja la voz

En Babahoyo, Verónica —nombre protegido— mide el pulso del miedo desde la tienda de ropa donde trabaja. "La gente ya no sale de noche, no va a fiestas ni a bares. Y si no sale, no compra", dice. El mayor temor no es solo el asalto, sino el azar: sentarse junto a alguien que sea objetivo de una banda y quedar atrapado en un ajuste de cuentas. "Nos hemos vuelto desconfiados de todos. Cuando salgo de mi casa, ya ni saludo. No sé si eso me convierte en sospechosa", lamenta.

En la costa ecuatoriana, el encierro se ha vuelto una forma de supervivencia: no mirar de frente, evitar dar la identidad, bajar la voz. Una sociedad entera que ha aprendido a moverse en silencio.

Source: Google News EC — Guayaquil