Ecuador, el país más violento de Sudamérica: crimen organizado y narcotráfico sin freno

Ecuador pasó de ser uno de los países más seguros de Sudamérica al más violento en menos de una década. Crisisgroup.org analiza las causas y los retos pendientes.

Ecuador, el país más violento de Sudamérica: crimen organizado y narcotráfico sin freno

Ecuador: de oasis de paz a epicentro del narcotráfico en menos de diez años

Según crisisgroup.org, Ecuador pasó de ser uno de los países más seguros de Sudamérica al más violento en menos de una década, tras convertirse en un nodo central del tráfico de cocaína con destino a Europa y Estados Unidos. La política de mano dura del presidente Daniel Noboa redujo inicialmente las tasas de homicidios, pero la violencia repuntó con fuerza: la primera mitad de 2025 fue el semestre más violento registrado en la historia del país.

Tras casi dos años de una autoproclamada guerra contra los grupos criminales, las operaciones conjuntas entre militares y policía —pilar de la campaña de represión— han cosechado solo éxitos fugaces. La caída de la tasa de homicidios en 2024 desde niveles récord y una reducción de los disturbios en las cárceles parecían augures positivos, pero el repunte abrupto de los asesinatos en 2025 borró esas ganancias.

Cómo Ecuador se convirtió en puerta de salida de la cocaína

Ecuador había funcionado durante décadas como corredor de tránsito, gracias a su posición estratégica entre Colombia y Perú, dos de los mayores productores mundiales de coca. Una serie de cambios en el narcotráfico latinoamericano aceleró su transformación en plataforma de exportación: la desarticulación de grandes carteles, el auge del tráfico en contenedores marítimos y las repercusiones del acuerdo de paz colombiano de 2016 remodelaron las rutas del negocio ilícito.

El crimen organizado encontró en Ecuador condiciones especialmente favorables. La adopción del dólar como moneda oficial en 2000 —decisión tomada para frenar un colapso financiero— facilitó el lavado de dinero. Los concurridos puertos marítimos, una extensa red de carreteras y controles fronterizos débiles simplifican el transporte de droga. Los recortes presupuestarios de 2017 en prisiones y fuerzas de seguridad agravaron la corrupción institucional y socavaron la capacidad del Estado para responder. Por todo ello, los puertos del Pacífico ecuatoriano, en particular los de Guayaquil, se han convertido en los puntos de salida más eficientes para cargamentos de cocaína hacia Europa y Estados Unidos.

La fragmentación criminal y la guerra territorial

La fragmentación en 2020 de Los Choneros —hasta entonces la organización ilegal dominante— desencadenó una brutal guerra territorial, especialmente con Los Lobos, un grupo de crecimiento rápido. Las organizaciones mexicanas han alimentado esas luchas internas: el Cartel de Sinaloa respalda a Los Choneros y el Cartel de Jalisco Nueva Generación apoya a Los Lobos.

Docenas de bandas más pequeñas, muchas arraigadas en barrios pobres sin servicios básicos ni oportunidades laborales, compiten por dominar los mercados locales del narcotráfico y las redes de extorsión, mientras intentan demostrar su valor ante organizaciones más grandes y mejor financiadas.

Las provincias costeras del Pacífico siguen siendo el epicentro de la violencia. Los asesinatos de jueces, funcionarios penitenciarios y alcaldes, los enfrentamientos entre grupos rivales, los atentados con coches bomba y los crímenes contra víctimas de extorsión se acumulan. Comunidades enteras quedan divididas por fronteras invisibles que marcan las zonas de operación de bandas rivales, obligando a familias a abandonar sus hogares en busca de seguridad.

Abusos y cooperación militar como respuesta del Estado

Las autoridades ecuatorianas han declarado que el país se encuentra en medio de un conflicto armado interno y han desplegado tropas en cárceles y en las comunidades más afectadas. El gobierno de Noboa ha ampliado la cooperación con el ejército estadounidense y con empresas de seguridad privadas, y ha subrayado su proximidad política al presidente Donald Trump.

Sin embargo, crisisgroup.org advierte que las operaciones militares, por sí solas, rara vez logran desmantelar los mercados del narcotráfico. Al mismo tiempo, se acumulan las denuncias de abusos por parte de las fuerzas de seguridad: detenciones arbitrarias y ejecuciones extrajudiciales figuran entre los casos documentados.

Qué se necesita para frenar la violencia

El análisis de crisisgroup.org señala que Ecuador debe reforzar la presencia estatal en los barrios más golpeados por el crimen y generar oportunidades económicas lícitas en esas zonas, en paralelo a las operaciones de seguridad. Las comunidades pobres, especialmente a lo largo de la costa del Pacífico, languidecen bajo el control de grupos hiperviolentos que luchan por el dominio territorial.

Combatir la corrupción en los puertos, las prisiones y las instituciones públicas resulta igualmente imprescindible. Sin esas reformas estructurales, el informe considera que Ecuador corre el riesgo de perder su batalla por la seguridad pública, independientemente de cuántos efectivos militares se desplieguen. La cocaína, en cantidades industriales, sigue saliendo por los puertos ecuatorianos hacia los mercados de Estados Unidos y Europa mientras el debate sobre la estrategia continúa abierto.

Source: Google News ES — Crime (es)