Prisión permanente revisable en Gipuzkoa por el asesinato de Aintzane Pujana, cinco años después
Se cumplen cinco años del brutal asesinato de la donostiarra Aintzane Pujana a manos de una pareja que la explotaba sexualmente. El Tribunal Supremo confirmó esta semana la condena.

Cinco años del crimen que marcó a Gipuzkoa: el Supremo confirma la prisión permanente revisable
Se cumplen cinco años del asesinato de Aintzane Pujana, la mujer de San Sebastián que fue maniatada, agredida y acuchillada en la madrugada del 1 al 2 de enero de 2021 en un agroturismo de Aizarnazabal. Según informa Ideal, el Tribunal Supremo ratificó esta misma semana la condena impuesta al principal acusado, Erotz S. G., de 24 años en el momento de los hechos: la única prisión permanente revisable dictada hasta la fecha en el territorio guipuzcoano.
El juicio se celebró en 2024 ante un tribunal del jurado en la Audiencia Provincial de Gipuzkoa. La sentencia fue recurrida por la defensa del condenado, pero fue confirmada primero por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y, finalmente, por el Tribunal Supremo. La coacusada, Karmele U. T., de 23 años, fue sentenciada a 10 años de prisión, condicionada a un internamiento de no más de 20 años en un centro psiquiátrico.
Una convivencia forzada durante la pandemia
Aintzane, de 32 años, llegó a Aizarnazabal a principios de diciembre de 2020. Comunicó a su novio que se trasladaría con unos amigos a ese agroturismo situado a media hora en coche de Donostia, en el municipio de Urola Kosta. Lo que no reveló —o quizá no pudo— es que la pareja con la que convivía la obligaba a prostituirse. Las dos mujeres se habían conocido en un piso de la capital guipuzcoana donde, según se estableció en el juicio, ambas habrían ejercido la prostitución. Los acusados, naturales de Errenteria, grababan además vídeos pornográficos que subían a una plataforma online. Gestionaban las citas de Aintzane y retenían sus ingresos.
La negativa que desencadenó el crimen
La tarde del 1 de enero de 2021, los tres regresaron a Aizarnazabal después de visitar Hondarribia, donde la pareja celebró el cumpleaños de la madre del varón. Llegaron al agroturismo alrededor de las 22.00 horas, según determinó la Ertzaintza a partir del análisis de la geolocalización de sus teléfonos móviles. Poco después, un vecino de Azpeitia contactó para requerir los servicios de Aintzane. La llamada fue atendida por la pareja. Aintzane se negó.
La negativa provocó una discusión. Para presionarla, Erotz le arrebató su perro 'Tyson' y lo encerró en su Volkswagen Passat. Aintzane llamó entonces a su novio para que fuera a buscarla, pero este, según declaró en el juicio, no tenía coche ni dinero para costearse un taxi hasta Aizarnazabal a esas horas.
A las 22.03 horas, la víctima subió al coche de la pareja con destino a Azpeitia. Al llegar a la dirección indicada —23.21 horas—, volvió a negarse a prostituirse. La reacción del varón fue encerrar a las dos mujeres sin sus teléfonos en el vehículo para que llegaran a un acuerdo. Al no lograrlo, arrancó de vuelta al agroturismo a las 23.32 horas.
La primera agresión en una pista forestal
El trayecto de ida hasta Azpeitia duró apenas 18 minutos. El regreso tardó 50. La Ertzaintza concluyó que esa demora se debió a una parada en una pista forestal, donde Erotz sacó a Aintzane del coche y ordenó a su pareja que la golpeara. Karmele obedeció: le rompió la nariz a la víctima, que además sufrió heridas en los brazos al intentar defenderse, según determinó la autopsia.
De vuelta en el alojamiento, el hostigamiento continuó. Le colocaron unas bridas en una muñeca. El hombre, «para evitar que Aintzane pudiera denunciarles» —tal como recogió la sentencia—, indicó a su pareja que cogiera un cuchillo de unos 13 centímetros de filo. Karmele asestó varias puñaladas en el cuerpo de la víctima, que «no pudo defenderse».
La huida y el error que los delató
Esa misma madrugada, la pareja improvisó un plan para eliminar las pruebas. Llamaron al novio de Aintzane para comunicarle que ella se había ido enfadada y que tenían a su perro. Cargaron el cadáver en el coche y lo abandonaron unos 500 metros más abajo, junto a unos matorrales en el barrio de Etxabe. Después, tomaron la carretera que bordea la costa cantábrica y se detuvieron en un aparcamiento de la N-634, entre Getaria y Zumaia, donde arrojaron varios objetos al mar.
El plan se torció sobre las 4 de la madrugada del 2 de enero, cuando una patrulla de la Ertzaintza los interceptó por incumplir el toque de queda vigente a causa de la pandemia. Los agentes hallaron en el maletero del Volkswagen Passat al perro 'Tyson' y ropa de mujer. Días después, un particular encontró en el mismo lugar la tarjeta de transporte público Mugi de la fallecida. Ya iniciada la investigación, la Policía vasca localizó la funda de un cuchillo con ADN del condenado y de la víctima. Se cree que el arma acabó en el mar.
Tras la intercepción, la pareja se dirigió a Tolosa, donde entró en un supermercado con las capuchas puestas para ocultar sus rostros y adquirió productos de limpieza: lejía, amoniaco y toallitas.
Una vida marcada por la adversidad
Los padres de Aintzane, de avanzada edad, nunca dejaron de apoyar a su hija. La mujer arrastró sin embargo una vida con altibajos psicológicos y un entorno de amistades difuso, circunstancias que, según quedó expuesto durante el juicio, la hicieron especialmente vulnerable a la situación de explotación en la que terminó atrapada.
El caso queda así cerrado judicialmente, cinco años después, con la confirmación de la condena más severa que ha dictado un tribunal guipuzcoano: la prisión permanente revisable para el autor principal de uno de los crímenes más crueles registrados en Gipuzkoa en los últimos años.
Source: Ideal