Piso okupa en calle Muntaner de Barcelona desalojado tras detención del cabecilla
Los Mossos d'Esquadra detuvieron al presunto líder de la ocupación ilegal en el número 107 de la calle Muntaner. Una segunda ocupante abandonó el inmueble voluntariamente poco después.

Desalojado el piso que mantuvo en vilo a los vecinos de calle Muntaner
El piso del número 107 de la calle Muntaner de Barcelona quedó desocupado el miércoles después de que los Mossos d'Esquadra detuvieran al presunto cabecilla de la usurpación poco antes de las cuatro de la tarde. Su comportamiento pendenciero había mantenido atemorizada a gran parte de la comunidad de vecinos durante meses.
Según informó la policía de la Generalitat en un comunicado, el arresto se produjo en cumplimiento de una resolución judicial derivada de una investigación del distrito del Eixample por presuntos delitos de violación de domicilio, amenazas y coacciones. "En este marco la autoridad judicial ha ordenado una entrada y registro en el domicilio. El resultado es una persona detenida", señaló la nota oficial.
Poco después de la detención, una mujer que también residía en el piso y que formaba parte del aparato de control del inmueble lo abandonó por propia voluntad. Pese al alivio generalizado entre los residentes, los vecinos reconocen que la historia no ha terminado del todo.
La Vanguardia venía informando en los últimos meses de cómo la vivienda se había convertido en punto de encuentro de personas con graves problemas de drogadicción. Varios de los ocupantes traficaban además con bicicletas presuntamente robadas. La convivencia en el edificio se vio rota por la presencia habitual de personas en estado de intoxicación en las zonas comunes. Los niños tenían que esquivarlas al salir al colegio. La comunidad llegó a contratar un vigilante de seguridad e instaló una cámara, y llegó a aplazar una reforma de la fachada por el miedo a instalar un andamio.
Un relato rocambolesco
La historia que subyace a la ocupación es especialmente enrevesada. El piso pertenece a un abogado de la zona alta de la ciudad que lo tenía arrendado. Hace pocos meses el propietario se instaló en él, pero con un aspecto muy deteriorado que generó desconfianza entre los vecinos. Fue entonces cuando comenzó el trasiego de toxicómanos. Las fiestas hasta altas horas de la madrugada, las peleas, los gritos y las discusiones se hicieron cotidianos. A finales de la primavera el propietario desapareció sin más explicaciones.
El hombre ahora detenido y la mujer que acaba de marcharse tomaron entonces el control del piso. Pincharon el suministro eléctrico y reventaron el aseo del aparcamiento para acceder a un grifo. El supuesto acuerdo que mantuvieron con el propietario nunca quedó claro.
La situación cogió a las autoridades a contrapié. En algún momento se llegó a barajar la posibilidad de que el propietario hubiera fallecido, hipótesis que llegaron a manejar los propios agentes que no conseguían localizarle. Las reiteradas quejas de la comunidad no lograron que los Mossos d'Esquadra ni la Guardia Urbana extremaran la vigilancia en la finca hasta que el caso llegó a los medios de comunicación.
Tras dejarse ver por los alrededores durante algunos días, el propietario volvió a desaparecer. Las llamadas al 112 se sucedían y eran atendidas puntualmente, pero lo decisivo fue que el dueño presentó una denuncia por usurpación de su vivienda. El Ayuntamiento de Barcelona acabó contactando con él. El miércoles pudo recuperar su propiedad y regresar al inmueble. Los vecinos, por el momento, siguen con los dedos cruzados.
Source: La Vanguardia