Lindsay Clancy ante el jurado en Massachusetts: psicosis posparto frente a asesinato premeditado
Lindsay Clancy, de 36 años, admite haber estrangulado a sus tres hijos en Duxbury en enero de 2023. El juicio debate si actuó en estado de psicosis o con premeditación.

Cientos de mujeres de rosa ante el tribunal que juzga a la madre infanticida de Duxbury
Google News ES — Crime (es) recoge el desarrollo del juicio contra Lindsay Clancy, la enfermera de 36 años acusada de estrangular a sus tres hijos en Duxbury, Massachusetts, el 24 de enero de 2023. El jurado debe decidir si la acusada actuó con plena premeditación o sumida en una psicosis posparto que le habría impedido discernir la realidad.
El jueves, mientras en la sala se exponían los argumentos finales, cientos de mujeres vestidas de rosa aguardaban frente al tribunal de Plymouth. Portaban camisetas con mensajes como She Needed Help o Peace for Lindsay y recibieron entre aplausos al abogado defensor Kevin Reddington. La imagen contrasta con la dureza de los hechos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3, y Callan, de 8 meses, murieron estrangulados con bandas elásticas de ejercicio. Clancy no niega haber sido ella quien lo hizo.
La tarde del 24 de enero, minuto a minuto
La reconstrucción cronológica presentada en el juicio dibuja una secuencia que la fiscalía califica de meticulosamente planificada. Aquella mañana, Lindsay llevó a Cora al médico, jugó con los tres niños en la nieve y envió fotografías a su marido Patrick y a su madre. Patrick, que teletrabajaba en el sótano, recordó después que su mujer parecía especialmente feliz.
A las 16.02 horas, Lindsay realizó búsquedas en internet sobre un laxante infantil, consultó la ubicación del restaurante ThreeV en Plymouth y calculó en Apple Maps el tiempo de desplazamiento. A las 16.47 llamó a una farmacia CVS de Kingston preguntando por otro laxante; el empleado que la atendió no detectó nada anormal. Seis minutos más tarde escribió a Patrick: «¿Te apetece que pidamos comida de ThreeV? No he cocinado nada. Ha sido un día largo». Eligieron el menú. Lindsay llamó al restaurante a las 17.10 y realizó el pedido. Cinco minutos después envió a Patrick el nombre exacto del medicamento que necesitaba para Cora.
Patrick salió de casa. Las cámaras de seguridad lo registraron entrando a la farmacia a las 17.32. No encontró el producto y llamó a su mujer; ella no respondió de inmediato, pero le devolvió la llamada, hablaron catorce segundos y le indicó qué debía comprar. Patrick recogió también la cena y regresó hacia las 18.09.
«¿Qué has hecho?»
Lo primero que le extrañó al volver fue el silencio. Subió al dormitorio matrimonial y encontró la puerta cerrada; la abrió con una llave de emergencia. Había sangre en el suelo, un cuchillo ensangrentado y una ventana abierta. Lindsay estaba en el jardín: se había cortado las muñecas y el cuello y se había arrojado desde el segundo piso. La caída le causó lesiones medulares que la dejaron paralizada.
«¿Qué has hecho?», le preguntó Patrick. «He intentado matarme», respondió ella, e indicó que los niños estaban en el sótano. Patrick llamó al 112. Al bajar encontró a Cora boca abajo, todavía con una banda elástica alrededor del cuello; junto a ella yacía Callan, el bebé, con otra banda. Dawson estaba en el despacho de su padre, estrangulado del mismo modo. «¡Ha matado a los niños!», se le escucha gritar en la grabación de la llamada de emergencia. Cora y Dawson fueron declarados muertos en el lugar. Callan fue trasladado en helicóptero al Boston Children's Hospital, donde murió tres días después sin recuperar actividad cerebral.
Trece medicamentos en cuatro meses
La defensa sitúa los asesinatos en el contexto de un deterioro psiquiátrico severo que comenzó tras el nacimiento de Callan, en mayo de 2022. En los meses siguientes, Lindsay desarrolló ansiedad, insomnio, depresión y pensamientos intrusivos. Su hermana, trabajadora social, ha descrito periodos de ideación suicida casi diaria. Lindsay buscó ayuda activamente: llamó a líneas de prevención del suicidio e ingresó durante varios días en el hospital psiquiátrico McLean. En apenas cuatro meses le fueron prescritos trece medicamentos psiquiátricos distintos —antidepresivos, benzodiacepinas, antipsicóticos— que diferentes profesionales introducían, retiraban o sustituían.
El psicólogo de la defensa, Paul Zeizel, que ha tratado a Clancy desde los asesinatos, declaró esta semana que padecía trastorno bipolar y psicosis posparto. Según el relato posterior de la propia Clancy, una voz masculina le ordenó matar a los niños y después quitarse la vida.
La capellana Sheila Cavanaugh, que la visitó más de doscientas veces durante su hospitalización, recordó en el estrado una conversación singular. Cuando Lindsay pudo hablar tras ser extubada, aproximadamente una semana después de las muertes, le dijo: «Estoy muy contenta de que mis hijos estén a salvo». Cavanaugh creyó inicialmente que se refería al cielo. Más tarde, según su testimonio, Lindsay le explicó que una voz insistente le había advertido de que ni ella ni los niños estarían seguros si no obedecía.
La tesis de la fiscalía: planificación incompatible con la psicosis
Para la fiscal Jennifer Sprague, la secuencia de acciones de aquella tarde resulta incompatible con un estado psicótico. Lindsay eligió un restaurante más alejado de lo habitual, añadió una parada en la farmacia, consultó previamente los tiempos de desplazamiento y esperó hasta quedarse sola con los tres niños. La pregunta que la acusación plantea al jurado es si alguien en pleno brote psicótico es capaz de buscar un medicamento concreto en internet, telefonear a una farmacia, mantener conversaciones normales, completar correctamente un pedido de comida y dar a su marido instrucciones precisas sobre qué laxante comprar.
La defensa, por su parte, argumenta que la aparente coherencia superficial de esas acciones no excluye la disociación profunda que caracteriza a determinados episodios psicóticos, y que el historial clínico de Lindsay —documentado por múltiples profesionales antes de los hechos— respalda el diagnóstico de psicosis posparto.
El jurado de Plymouth tiene ahora en sus manos determinar cuál de las dos narrativas se ajusta a los hechos probados: si Lindsay Clancy es una madre que planificó fríamente el asesinato de sus hijos, o una enferma que en el momento de los crímenes había perdido por completo el contacto con la realidad.
Source: Google News ES — Crime (es)