Jurado declara culpable a Manuel Alonso por el crimen de los colombianos en Alhaurín de la Torre
Un jurado popular ha condenado a Manuel Alonso por el asesinato de su expareja Lucía Garrido y su vinculación con el narcotráfico en Málaga, 17 años después.

La trama de la Finca Los Naranjos: dos décadas de crímenes, impunidad y corrupción policial en Málaga
Según Ideal, un jurado popular ha declarado «parcialmente» culpable a Manuel Alonso Herrero, el principal sospechoso de una red de crímenes que comenzó a tejerse hace casi dos décadas en la Finca de los Naranjos, en Alhaurín de la Torre (Málaga). La condena lo señala como cooperador necesario en el asesinato de su expareja Lucía Garrido y como responsable de disparar contra una banda que intentó robarle droga, además de acumular vínculos probados con el narcotráfico. La causa suma ya dos condenas —una pendiente aún del pronunciamiento del Tribunal Supremo— y un rastro de cadáveres que incluye testigos protegidos asesinados y un guardia civil que se quitó la vida.
El asalto de abril de 2009
Edward Andrés Gómez, de 25 años, y Derian José Morales, de 36, llegaron a la finca la noche del 25 de abril de 2009 convencidos de que el golpe sería limpio. Les habían prometido kilos de hachís y cocaína escondidos bajo las jaulas de leones y tigres, y el soplo, según se dijo, procedía de agentes de la Guardia Civil. Unos 15 individuos distribuidos en tres grupos desde Madrid, Alicante y Fuengirola confluyeron en Alhaurín de la Torre para el asalto.
Edward fue el primero en saltar el muro. Nada más caer al otro lado recibió un disparo de Manuel Alonso. «¡Me han dado!», gritó. Son las últimas palabras que recuerda de su compañero uno de los asaltantes —hoy testigo protegido— que declaró en el juicio celebrado 17 años después. «En mi opinión nos estaba esperando porque apenas cayó se escuchó el primer impacto muy fuerte», afirmó ante el tribunal.
Aquella noche la alarma de la finca estaba desconectada, los mastines permanecían encerrados y había dos armas de fuego repartidas por la casa: una en el salón, fuera del armero, y otra junto a la cama, con numerosos cartuchos en el cajón de la mesita de noche. A Manuel Alonso le bastaron dos disparos de escopeta para matar a los dos colombianos, afincados con sus familias en la capital española. Él no recibió ningún impacto, a pesar de que los asaltantes efectuaron cinco disparos con un revólver y tres con una pistola. Tras los hechos, corrió a avisar a un vecino situado a pocos metros.
El cadáver de Lucía en la piscina
Solo nueve días después del doble homicidio, el juzgado archivó provisionalmente las diligencias abiertas por otro asesinato ocurrido en el mismo lugar un año antes: el de Lucía Garrido. El 30 de abril de 2008, el cadáver de Lucía había aparecido flotando en la piscina de la finca, con golpes y un corte en la yugular.
Lucía se había separado de Manuel Alonso dos años antes y vivía en la finca con su hija al amparo de una resolución judicial. Sin embargo, su exmarido acudía a diario para mantener el negocio de cría de animales de compañía y custodia de especies salvajes decomisadas por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil. Lucía llegó a confiar a una amiga los presuntos «trapicheos» de Alonso relacionados con el tráfico ilícito de animales. Esa misma amiga declaró después ante un juez haber visto desde la ventana de una de las naves lo que «parecían fardos» de droga.
Lucía había denunciado en varias ocasiones a Manuel Alonso por malos tratos. Recopiló documentación comprometedora en una carpeta que ella misma describía como su «seguro de vida» y se la entregó a su abogado. Tras el asesinato, el letrado abandonó Málaga. Su hermana Rosa, en cambio, nunca dejó de luchar. Su empeño junto al exguardia civil Ignacio Carrasco —que abandonó el cuerpo tras denunciar supuestas irregularidades— fue determinante para la reapertura del caso en abril de 2012 y para que el Servicio de Asuntos Internos (SAI) de la Guardia Civil se incorporara a la investigación en 2015.
El ADN que llevó a la detención del asesino material
En 2016, ocho años después del crimen de Lucía, los especialistas de Criminalística hallaron una muestra de ADN en la llave que abría la puerta de la Finca Los Naranjos. Ese perfil genético condujo a la detención del autor material del homicidio, Ángel Vaello, conocido como 'Rana'. Por entonces, Manuel Alonso llevaba años siendo investigado como posible inductor. Sin embargo, meses después, el juez estimó que no existía ningún indicio que lo vinculara al caso y archivó su imputación. Un año más tarde, por orden de la Audiencia Provincial, el exmarido de Lucía volvió a figurar como acusado en el asesinato.
Archivados una y otra vez
El caso de los dos colombianos sufrió carpetazos sucesivos. El primero llegó en diciembre de 2009, ocho meses después de los hechos, cuando la jueza y el fiscal concluyeron que Manuel Alonso había actuado en legítima defensa. El caso dio un vuelco en 2014, cuando las denuncias del exguardia civil Carrasco impulsaron una nueva investigación de Asuntos Internos que conectó por primera vez el asesinato de Lucía con el de los dos colombianos. Pese a ello, el expediente volvió a cerrarse en septiembre de 2016 y de nuevo en septiembre de 2019.
No fue hasta 2020 cuando la Audiencia Provincial intervino con firmeza. En un auto, el tribunal señaló que «no es nada habitual que en esta fase del procedimiento se acoja una eximente de la responsabilidad criminal como la de la legítima defensa» y exigió que fuese un jurado popular quien decidiera sobre la culpabilidad de Alonso en la muerte de Edward y Derian.
Condena previa por narcotráfico
En medio de tantos reveses judiciales, Manuel Alonso había sido detenido y condenado junto al exjefe del Equipo de Delincuencia Organizada por delitos relacionados con el narcotráfico. Esa condena, pendiente aún de revisión por el Tribunal Supremo, se suma ahora al veredicto del jurado popular que lo sitúa en el centro de una red de crímenes que durante casi dos décadas encontró amparo en pruebas extraviadas, archivos repetidos y sombras sobre la actuación policial.
Source: Ideal