Reyerta mortal en chabolas de Valladolid: Mariano, condenado a diez años por matar a navajazos a su vecino

Una discusión por una puerta entre familias gitanas en el barrio de Buenos Aires de Valladolid terminó con un hombre muerto. El agresor fue condenado a diez años de prisión por homicidio.

Reyerta mortal en chabolas de Valladolid: Mariano, condenado a diez años por matar a navajazos a su vecino

Dos navajazos y una vida segada en el barrio de Buenos Aires

Una disputa por la colocación de una puerta en el tejado de una chabola desembocó en la muerte de un hombre de 25 años en Valladolid. Según recoge Ideal, el suceso tuvo lugar el 8 de mayo de 2003 en la cañada de Fuente Amarga, en el barrio de Buenos Aires, donde nueve familias gitanas llevaban unos seis años malviviendo en precarias chabolas.

Todo comenzó alrededor del mediodía, cuando un cuñado de Óscar H. M. y el hijo de Mariano B. J. reparaban el tejado de una vivienda instalada en un viejo gallinero. Óscar le recriminó a su vecino: «Ponla bien, que entra mucho frío para los niños». Fueron las últimas palabras que cruzaron en calma. La disputa se reanudó poco después con la participación de Mariano, su hijo y los hermanos Óscar y Jonathan, de la otra familia.

Una llamada anónima alertó del ataque

Alrededor de dos horas después del primer encontronazo, una llamada anónima al 091 alertó sobre una pelea en la zona. Mariano había atacado con una navaja a ambos hermanos. Óscar presentaba dos heridas de gravedad en el tórax, una de ellas muy próxima al corazón. Jonathan, de 24 años, tenía lesiones leves en el abdomen.

Óscar murió al día siguiente, el 9 de mayo, en el Hospital Clínico de Valladolid, donde había sido ingresado de urgencia. Dejaba atrás dos hijas de siete y dos años. La comunidad gitana del entorno recaudó 2.400 euros en pocas horas para costear el entierro.

El agresor regresó al asentamiento con la navaja en la mano

Tras los hechos, Mariano volvió al núcleo chabolista de Fuente Amarga. Según los testimonios recogidos por el periódico, llegó junto a su hijo «con las manos manchadas de sangre y una navaja en la mano» y se dirigió a los familiares de la víctima: «Me he bajado de la furgoneta y les he pinchado a los dos». Acto seguido, se atrincheró en su vivienda mientras preparaba la huida junto a su familia hacia Aranda de Duero.

El 12 de mayo fue detenido en ese municipio burgalés y trasladado en un primer momento a la prisión de Burgos y, posteriormente, a la cárcel de Villanubla, donde quedó recluido a la espera de juicio por homicidio.

La versión del acusado: legítima defensa

En el juicio, Mariano sostuvo que iba en su furgoneta con su hijo cuando dos vehículos de la otra familia les cerraron el paso. Afirmó que, ante una agresión de sus oponentes —armados, según él, con un martillo y una navaja—, se vio forzado a coger una navaja que transportaba en el vehículo.

Reconoció haber herido a Óscar, pero insistió en que actuó en defensa propia. Sobre las lesiones de Jonathan, declaró: «Se tiró hacia mí con la navaja, le empujé y al caer al suelo se la clavó». Explicó además que decidió abandonar Valladolid para proteger a su familia, con intención de entregarse días después.

Los familiares de Óscar rechazaron las acusaciones que apuntaban a que en sus chabolas se vendía droga: «Aquí no se vende droga. Bastante tenemos con lo nuestro, con tener que ganarnos la vida como podemos, pero siempre de forma honrada». Subrayaron que su único sustento era «recoger chatarra y vender cuatro cosas en el rastrillo».

Diez años de cárcel y 61.430 euros en indemnizaciones

La Audiencia Provincial de Valladolid condenó a Mariano B. J. a diez años de prisión por el homicidio de Óscar H. M. y a dos años adicionales por las lesiones causadas a Jonathan, hermano del fallecido. El tribunal impuso además el pago de indemnizaciones: 60.000 euros para los padres de la víctima, 1.430 euros para Jonathan por las lesiones sufridas y 382 euros al servicio sanitario Sacyl por los gastos de asistencia médica.

Las chabolas donde vivían las familias implicadas carecían de agua corriente —«ya nos gustaría», apuntaban los vecinos— aunque sí contaban con suministro eléctrico «para poder tener tele y frigorífico». Tras el crimen, las nueve familias que habitaban el asentamiento quedaron reducidas a seis, después de que Mariano huyera junto a su pareja, hijos, nueras y nietos, y que también su hermano y dos hijas abandonaran el lugar.

Source: Ideal

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