Asesinato de Olga Sangrador en 1992: cómo Valentín Tejero rapó y mató a una niña de 9 años
En la madrugada del 25 de junio de 1992, Valentín Tejero secuestró a Olga Sangrador en Villalón de Campos y la enterró en un pinar cerca de Tudela de Duero.

La noche en que Valentín Tejero acabó con la vida de Olga Sangrador en Villalón de Campos
En la madrugada del 25 de junio de 1992, una niña de 9 años desapareció durante las fiestas patronales de Villalón de Campos, en la provincia de Valladolid. Según recoge Ideal, su padre, Domingo Sangrador, cerró el mesón familiar a las tres de la madrugada y salió a buscarla al no encontrarla: las amigas de Olga ya estaban en sus casas y la última vez que la habían visto fue alrededor de la una y media, cuando se despidió de ellas diciendo que se marchaba para que no la regañara su madre. Domingo llamó entonces a la Guardia Civil.
Un matrimonio que se encontraba en las inmediaciones la había visto poco antes de las dos de la madrugada caminando en dirección contraria a la del mesón de sus padres, como si regresara hacia la plaza Mayor. La mujer que la avistó declaró que la menor iba acompañada de un hombre en cuyas características no se fijó: «La niña iba tranquila y no podíamos pensar que iba a ocurrir esto». La familia descartó desde el primer momento una huida voluntaria. «La tenemos enseñada a que no se fíe de nadie», afirmó su padre.
La pista del todoterreno negro y la identificación del sospechoso
Todo el pueblo y la comarca se movilizaron para encontrar a Olga, pero las horas pasaban sin rastro de ella. La investigación dio un giro decisivo gracias a un radioaficionado que había visto en los alrededores del pueblo un Suzuki todoterreno negro con llamativas pegatinas. El vehículo había permanecido aparcado durante horas en una calle del municipio y no había pasado desapercibido para varios vecinos.
La Guardia Civil cruzó esa información con las pesquisas que realizaba entre reclusos que disfrutaban de permiso penitenciario y habían sido condenados por agresiones sexuales. Todos los indicios señalaban al mismo nombre: Juan Manuel Valentín Tejero, de 30 años, vecino del barrio de La Victoria de Valladolid, con numerosos antecedentes por agresiones sexuales a menores. En el momento de los hechos se encontraba en libertad con un permiso penitenciario de seis días. Fue detenido la noche del 26 de junio.
La confesión y el hallazgo del cadáver
A primera hora de la tarde del día siguiente, la policía organizó de forma secreta una rueda de reconocimiento y un interrogatorio en un restaurante de Villalón, en presencia del juez de guardia y de varios testigos, entre ellos un camarero que aseguró haber visto a Tejero en el pueblo aquella madrugada. Las medidas de seguridad buscaban evitar que los vecinos le agredieran al conocerse su identificación. Tejero permaneció impasible durante cuatro horas y negó cualquier implicación hasta que, según las autoridades, «se derrumbó, con presión psicológica y sin violencia alguna», y confesó el crimen.
A continuación indicó el lugar donde había enterrado a la niña: un pinar situado a cinco kilómetros de Tudela de Duero, en una zona de difícil acceso. El cadáver fue hallado esa misma noche, alrededor de las diez, enterrado a entre cinco y diez centímetros de profundidad.
El relato del propio asesino
Tejero declaró que abordó a Olga pasada la una y media de la madrugada con la frase «¿Me ayudas a poner unos carteles?». Tras convencerla, la subió al todoterreno. Según su versión, la menor lloró pidiendo volver con sus padres y luego se quedó dormida. Media hora después se detuvo en la gasolinera de La Mudarra para repostar y continuó hasta el pinar, a ochenta kilómetros de Villalón, en las proximidades de Herrera de Duero.
Allí violó a la niña e intentó estrangularla. Al comprobar que aún se movía cuando estaba ya medio enterrada, la golpeó en la cabeza con una barra de hierro, hundiéndole el hueso occipital. Pasó varias veces con el vehículo por encima del lugar para compactar el terreno y dificultar el hallazgo del cuerpo.
Tejero no regresó a su domicilio hasta las ocho de la mañana. Le dijo a su esposa que esa noche tendría que dormir en la cárcel; ella creyó que volvía del centro penitenciario, como hacía habitualmente cuando no estaba de permiso. Poco después se fue a abrir el kiosco que la familia regentaba.
Un historial delictivo extenso y reiterado
El 28 de junio, Valentín Tejero regresó a la prisión de Villanubla. La dirección del centro decidió aislarlo para evitar agresiones de otros internos. Tres días después, Instituciones Penitenciarias ordenó su traslado a la cárcel de máxima seguridad de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real.
El perfil delictivo de Tejero era extenso. En 1976, con 15 años, fue puesto a disposición judicial por tentativa de violación de una menor de 9 años. En noviembre de 1982 fue detenido por exhibicionismo y escándalo público. En 1986, la policía de Valladolid le atribuyó cuatro agresiones sexuales cometidas en pocos días: una violación con penetración anal a una niña de 11 años, abusos a una mujer adulta, una tentativa de abusos a una menor de 12 años en el barrio de La Rondilla y un intento de violación —con penetración vaginal y bucal— de otra menor de 12 años.
Por este último hecho fue condenado a prisión. Ya en 1989, durante un permiso penitenciario, violó a una joven de 16 años. En abril de 1991 se le concedió el régimen abierto: trabajaba en su kiosco y regresaba a dormir a la cárcel. Desde entonces disfrutó de permisos de seis días cada quince. El último de ellos fue autorizado por Ignacio Sánchez Yllera, entonces juez de Vigilancia Penitenciaria de Valladolid.
Su método de actuación con las víctimas seguía siempre el mismo patrón: mostraba una placa de policía y una pistola simulada cuando las niñas entraban en sus portales, y procedía a cometer los abusos. Estaba casado y tenía dos hijos en el momento del crimen.
Source: Ideal