Melitón Manzanas: torturador franquista, primer asesinado por ETA y sus vínculos con la Gestapo

Manzanas fue inspector jefe en San Sebastián, torturador reconocido y primera víctima mortal de ETA en 1968. Documentos desclasificados revelan sus conexiones con el Tercer Reich.

Melitón Manzanas: torturador franquista, primer asesinado por ETA y sus vínculos con la Gestapo

El policía franquista entre la leyenda negra y los documentos de la OSS

Según theconversation.com, Melitón Manzanas (1909–1968), inspector jefe de la Brigada de Investigación Social en San Sebastián, ocupa un lugar singular en la historia reciente española: fue torturador reconocido y, a la vez, la primera víctima mortal premeditada de ETA. Décadas antes de que la organización terrorista lo abatiera en la puerta de su domicilio el 2 de agosto de 1968, su trayectoria estuvo entrelazada con agentes y colaboracionistas del Tercer Reich.

Carrera policial y métodos de interrogatorio

Manzanas ingresó en 1939 en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia —rebautizado en 1941 como Cuerpo General de Policía—. Su primer destino relevante fue la comisaría de Irún, punto neurálgico en la frontera hispanofrancesa durante la Segunda Guerra Mundial. Con rango de agente de tercera clase, se encargó de labores de información en la aduana, persecución del contrabando y vigilancia de movimientos de personas.

El agente Juan García Herrero (alias T-12), del Servicio de Inteligencia del Gobierno Republicano en el exilio, señaló en los años cuarenta que Manzanas colaboraba con la Segunda Bis —la inteligencia militar franquista—, facilitando información sobre mercancías e individuos que cruzaban la frontera.

Durante esa misma década combatió el estraperlo organizado por passeurs como Timoteo Plaza y Florentino Goikoetxea, colaboradores de redes de evasión y organizaciones de información republicanas. La Segunda Bis, conocedora de esos movimientos, estructuró grupos de vigilancia en distintos puntos fronterizos; Irún fue uno de ellos, y allí Manzanas participó en varias redadas.

Una de las más documentadas tuvo lugar el 19 de abril de 1942 y culminó con la captura de Manuel Iturrioz, contrabandista vinculado a la Red Comète —la organización franco-belga que evacuó a combatientes aliados perseguidos por los nazis—. Según las fuentes consultadas, Manzanas y el policía José Bazán interrogaron y torturaron a Iturrioz durante tres días.

En julio de ese año ascendió a agente de segunda clase. Un dosier del Servicio de Inteligencia del Gobierno Republicano, fechado en abril de 1946, lo describía como "uno de los funcionarios que más se han destacado por su crueldad y persecuciones", y lo identificaba como "el hombre de confianza de Julio Ortega Tercero y el jefe visible del Segundo Bis". El Servicio Vasco de Información (SVI), organización de espionaje del Gobierno vasco en el exilio, emitió valoraciones en la misma línea.

Los años finales y el asesinato de ETA

En la etapa final de su vida, Manzanas dirigió una intensa campaña de detenciones y represión contra militantes de Comisiones Obreras, Euzko Gaztedi —las juventudes del PNV— y ETA. La organización terrorista respondió asesinándolo el 2 de agosto de 1968 frente a su casa.

Para justificar el atentado, publicaciones del nacionalismo vasco radical como Gudari y Zutik difundieron testimonios sobre sus métodos vejatorios e incidieron en su supuesta vinculación con la Alemania nazi. Esa narrativa se amplificó durante el Proceso de Burgos de 1970, en el que se juzgó a los responsables de su muerte. La abogada Gisèle Halimi trabajó en proyectar internacionalmente el juicio y editó Le Procès de Burgos (1971), con prefacio de Jean-Paul Sartre. Asesorados por el miembro de ETA José Antonio Etxebarrieta, introdujeron en el relato la acusación de que Manzanas había colaborado con la Gestapo en "operaciones de caza" de republicanos españoles en el sur de Francia.

Esas aseveraciones pasaron al imaginario colectivo. Diferentes autores las reprodujeron sin aportar pruebas, llegando a equipararlo con Pedro Urraca Rendueles, apodado "el cazador de rojos".

Documentos desclasificados y la conexión con el Tercer Reich

La desclasificación periódica de documentos por parte del Departamento de Estado estadounidense en los Archivos Nacionales (NARA) ha permitido acceder a informes que sí vinculan a Manzanas con agentes del Tercer Reich, aunque con matices importantes respecto a la leyenda construida en torno a él.

Se trata de dosieres elaborados por el SVI para la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) —precursora de la CIA— en el marco de la operación Safehaven (1944–1948), puesta en marcha por los aliados para rastrear bienes y personas asociados al régimen nazi.

Uno de esos informes indica que Manzanas, junto a los agentes Máximo Palenciano, José Bazán y Juan Marcos, trabajaron "con especial fervor a favor de los alemanes, cumpliendo órdenes de la Gestapo" y prestaron "grandes servicios" durante la ocupación de Francia. La información es escueta, pero significativa: se inscribe en los mecanismos que utilizó la Alemania nazi para eludir la guerra económica aliada, mecanismos en los que participaron —por conveniencia, sintonía ideológica u obligación— funcionarios, empresarios y una parte considerable del aparato franquista.

Otro documento profundiza en el papel de Manzanas, señalado como "hombre de confianza" del agente Heinrich Bauer. Ese era el alias del colaboracionista belga Georges-Henri Delfanne, conocido como Masuy, figura destacada en las redes de colaboración con la ocupación nazi en Francia.

Entre el mito y la evidencia documental

El análisis de las fuentes disponibles dibuja a Manzanas como un policía que empleó métodos brutales de forma sistemática y que mantuvo contactos con estructuras vinculadas al Tercer Reich en la frontera hispanofrancesa. Sin embargo, la imagen del agente activo de la Gestapo dedicado a cazar republicanos en Francia —tal como la difundieron ETA y sus defensores en los años setenta— no encuentra respaldo en documentación concreta.

Lo que sí queda acreditado es su participación en redadas que afectaron a redes de evasión aliadas, su colaboración con la inteligencia franquista y sus métodos violentos de interrogatorio, reconocidos por múltiples fuentes contemporáneas. La distinción entre esos hechos probados y las acusaciones sin prueba es la que separa la realidad histórica de la leyenda construida para justificar su asesinato.

Source: Google News ES — Crime (es)

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