Ciudadano paraguayo ejecutado a balazos en Quilmes en aparente venganza narco
Julio César Arriola Sosa, de 38 años, fue asesinado de cinco balazos en San Francisco Solano. El crimen se enmarca en una serie de homicidios de sicarios extranjeros en el AMBA.

Sicario ejecuta a testigo paraguayo en Quilmes en posible represalia narco
Julio César Arriola Sosa, ciudadano paraguayo de 38 años, fue asesinado de cinco balazos en la esquina de las calles 861 y 898, en San Francisco Solano, partido de Quilmes, minutos después de las 22.30 del 16 de octubre. Según informa lanacion.com.ar, el crimen presenta los rasgos de un ajuste de cuentas vinculado a bandas narco que operan en la región de la Triple Frontera.
El atacante llegó a pie hasta la vivienda donde Arriola Sosa se alojaba con un familiar. Esperó que la víctima descendiera de su Volkswagen Suran y le disparó cinco veces. Tras el ataque, caminó una cuadra y media y abordó una moto donde lo aguardaba un cómplice. No hubo testigos presenciales, pero dos cámaras de seguridad registraron toda la secuencia.
Había llegado de Paraguay meses antes
Arriola Sosa ingresó a la Argentina el 28 de julio desde Cambyretá, localidad próxima a Encarnación, en el departamento paraguayo de Itapúa. Durante su estadía trabajó como albañil y residió primero con un familiar en El Pato, partido de Berazategui, antes de mudarse con su hermana en la zona de Quilmes.
La jornada en que fue asesinado había sufrido por la mañana un robo en la obra donde trabajaba, en Moreno. Los delincuentes le sustrajeron el celular. Arriola Sosa no estaba solo en ese momento, pero fue el único de los trabajadores atacado. Esa noche, en el extremo opuesto del Gran Buenos Aires, lo mataron.
Las imágenes de las cámaras permitieron determinar que el sicario conocía con precisión el horario en que la víctima regresaba a la casa. Disparó en el instante exacto en que su blanco bajó del vehículo.
Hipótesis: testigo clave en un homicidio narco
Los investigadores de la Dirección Departamental de Investigaciones de Quilmes estudian la posibilidad de que Arriola Sosa hubiera viajado a la Argentina luego de declarar como testigo en la causa por el homicidio de Ramón Rolando Miño Rolón, un narco asesinado de tres balazos en su casa del barrio Tacuarí, en Cambyretá.
Miño Rolón era buscado en Paraguay por al menos dos homicidios y los investigadores sospechan que podrían sumarse otros crímenes en su historial. Su cuerpo presentó heridas de proyectiles 9mm y 5,56mm —este último calibre corresponde a fusiles de asalto como el M4—. Un testigo de identidad protegida declaró ante la Justicia que fue ejecutado por hombres con ropa camuflada y pasamontañas. Antes de regresar a Paraguay y ser asesinado, Miño Rolón había permanecido escondido en la Argentina.
Ese crimen ocurrió cuatro días antes de la llegada de Arriola Sosa al país. Crónicas periodísticas paraguayas señalaban que Miño Rolón tenía planificado un viaje inminente a la Argentina para eludir a sus perseguidores. El vínculo entre ambos hechos no ha sido confirmado ni descartado. El responsable de la dependencia quilmeña solicitó información a las autoridades paraguayas a través de Interpol.
Segundo homicidio foráneo en dos semanas en el AMBA
El caso de Arriola Sosa se suma al de Carlos Andrés Migales Viera, traficante uruguayo de 27 años, asesinado el 4 de octubre en el departamento que alquilaba en Costa Rica al 5600, en Palermo. Tres atacantes irrumpieron en la vivienda y le dispararon ocho balazos con una pistola con silenciador. El móvil, según fuentes policiales, fue una venganza en el marco de una guerra entre bandas uruguayas. Migales Viera había viajado a Buenos Aires en busca de refugio, pero alguien informó su paradero: "lo vendieron", según la misma fuente.
Dos semanas antes, Heriberto Azamendía, narcomenudista paraguayo, fue asesinado de 13 balazos en la puerta de su casa en González Catán, partido de La Matanza. El sicario lo llamó por su nombre cuando salía hacia el almacén. Cuando Azamendía se dio vuelta, recibió los 13 disparos en el rostro. El agresor luego cambió el cargador, disparó contra el búnker desde el que la víctima vendía droga y huyó. En total fueron 26 balazos.
Dado que los impactos desfiguraron completamente el rostro de Azamendía, los investigadores debieron recurrir al cotejo de huellas digitales para identificarlo. En el búnker situado a dos casas de su domicilio, en la misma cuadra donde fue ejecutado, los policías hallaron droga, una computadora portátil, una balanza, dos celulares, una ametralladora con dos cargadores, una pistola 9mm, municiones y tres transmisores.
Serie de crímenes con firma de bandas internacionales
Para los investigadores, los homicidios de Arriola Sosa, Migales Viera y Azamendía no son hechos aislados. Los tres casos comparten el patrón de sicarios especializados, víctimas de nacionalidad extranjera y móviles vinculados a conflictos entre organizaciones narco que operan más allá de las fronteras argentinas. En todos los casos, los atacantes actuaron con conocimiento previo de los movimientos y rutinas de sus blancos.
La solicitud de información cursada a Paraguay a través de Interpol busca precisar si Arriola Sosa efectivamente declaró como testigo en la causa de Miño Rolón y si esa declaración pudo haber motivado su ejecución. Ninguno de esos extremos ha sido confirmado aún por sus familiares ni incorporado formalmente al expediente judicial.
Source: Google News AR — Buenos Aires