Tusi y drogas sintéticas: el crimen organizado en Ecuador va más allá de la cocaína
El crimen organizado en Ecuador opera con cocaína pero también con el tusi, droga rosada de Medellín. Las rutas se adaptan y los sintéticos abren nuevos mercados.

El tusi y las drogas sintéticas amplían el negocio criminal en Ecuador
El crimen organizado en Ecuador no depende únicamente de la cocaína, según informa primicias.ec. Los grupos delictivos operan también en mercados vinculados a otras sustancias, entre ellas el 2C-B, conocido como tusi o cocaína rosada, pese a que no contiene cocaína. Su origen se sitúa en Medellín, ciudad que se presenta como modelo de cultura de paz pero que mantiene, al mismo tiempo, una gobernanza criminal de alta intensidad.
El tusi apareció en Medellín en 2010, dentro de la cultura rave. Se elabora principalmente con residuos de drogas de baja calidad, lo que puede generar efectos más graves que los de otras sustancias. La gran mayoría de sus consumidores desconoce exactamente qué ingiere: por lo general combina ketamina, MDMA y cafeína, aunque su composición varía. Es más caro que la cocaína y más fácil de adquirir y consumir.
Un negocio para reutilizar sustancias de baja calidad
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) vincula la aparición del tusi con una posible expansión del mercado de la ketamina. En términos generales, esta droga funciona como un mecanismo para reutilizar sustancias sintéticas de escasa calidad y maximizar su valor comercial. En algunos casos, el tusi puede contener fentanilo, una sustancia que puede resultar letal.
En Ecuador, el consumo de tusi constituye un problema de salud pública. Se ha detectado en todo el país y de forma especialmente notoria en Montañita. Su venta es sencilla: puede encontrarse en redes sociales como TikTok e Instagram.
Vínculos directos con el crimen organizado colombiano
El uso del tusi no es solo una cuestión sanitaria. Refleja los lazos directos que los grupos de delincuencia organizada (GDO) nacionales mantienen con estructuras criminales en Colombia. Muchos cabecillas locales terminan siendo ubicados en territorio colombiano. Lo que ocurre allá, repercute acá.
A pesar de la guerra contra las drogas impulsada por Estados Unidos en Sudamérica, Colombia sigue siendo el principal productor de cocaína y otras sustancias. Las rutas del Caribe continúan activas. El discurso institucional señala que el Caribe es más seguro que el Pacífico, pero esa afirmación resulta cuestionable: gran parte de la droga decomisada en esa región corresponde a operativos conjuntos con Estados Unidos. Sin esos operativos, esas cantidades simplemente no se habrían detectado.
Los métodos de ocultamiento también se han vuelto más sofisticados. Entre ellos figura la llamada "cocaína negra": la sustancia blanca se transforma químicamente para parecerse al carbón y evadir controles.
Ecuador encabeza incautaciones hacia la Unión Europea
Los datos del Global Initiative Against Transnational Organized Crime (GI-TOC) para el período enero de 2019 a junio de 2024 ubican a Ecuador a la cabeza de los países de origen de cargamentos de cocaína incautados en ruta hacia puertos de la Unión Europea, con 306.423 kilogramos decomisados. Brasil aparece en segundo lugar con 97.257 kilogramos, y Colombia en tercero con 77.696 kilogramos.
Esas cifras sugieren que la producción no se ha detenido. Con cautela, los indicios apuntan a que podría estar aumentando.
La erradicación forzada no resuelve el problema de fondo
El gobierno de Gustavo Petro no logró mejorar el panorama del cultivo y tráfico de cocaína en Colombia. Su sucesor, De la Espriella, se orientará hacia la erradicación forzada, lo que podría abrir la puerta a una mayor presencia militar estadounidense. Sin embargo, la tasa de replantación de coca alcanza el 80%, impulsada por una rentabilidad cercana al 99%.
Al mismo tiempo, el foco en los cultivos deja fuera del análisis el aumento de las drogas sintéticas. Estas no requieren plantaciones y pueden producirse en búnkeres o instalaciones subterráneas, lo que las hace prácticamente invisibles para los esquemas tradicionales de interdicción.
Las rutas se adaptan, los mercados se diversifican
La cocaína sigue moviéndose. Las rutas cambian cuando se cierran. Y las drogas sintéticas abren mercados que no dependen de la tierra ni de las condiciones climáticas. Mientras los grupos de delincuencia organizada encuentren formas de maximizar sus ganancias, los instrumentos puramente militares han demostrado ser insuficientes para detenerlos.
Source: Google News EC — Crime